Bruce Davis, otro miembro fundador del WSP, logró recrear esta antigua forma de demarcación geográfica. La secuencia es una reconstrucción imaginaria creada a partir del registro de un corno medieval original, interpretado durante la noche en el bosque cerca del río Ure y posteriormente mezclado con el paisaje captado en la colina próxima al castillo Campbell11.
Aunque ambos ejemplos, el faro sonoro en el Point Atkinson y los cornos de la Edad Media, apuntan a resaltar el concepto de hito sonoro como parte importante de una comunidad acústica, en este punto es necesario diferenciar entre documentación de un espacio sonoro y el trabajo de recreación de escenarios extintos. Mientras el primero hace el registro directamente en el interior del escenario que se ha documentar, la segunda busca generar una imagen que sólo es posible recomponer a partir del registro sonoro de sus partes aisladas.
Ante la ausencia de grabadoras durante prácticamente toda la historia del hombre, una de las estrategias para acceder a anteriores paisajes sonoros es el documento escrito. Este tipo de investigación permite, por ejemplo, comprobar el protagonismo de ciertos hitos sonoros en el Santiago de Chile del siglo pasado:
«El día estaba puntuado por las campanas de las iglesias en todos los barrios de la ciudad. Para alguien como el cronista, que vivió buena parte de la infancia y la adolescencia en Santiago, en el cuadrilátero que forman, la Alameda por el norte, la calle Diez de Julio por el sur, Ejército por el oeste y San Diego por el este, las horas iban siguiendo el ritmo de las campanas de San Ignacio, San Vicente, San Lázaro, tal vez otras de capillas y conventos. —¿Y ahora, qué pasa? ¿Acaso las iglesias ya no tocan sus campanas? Por cierto que las tocan pero ya no se escuchan, no las oyen ni las beatas de oído más fino. Todo está sumergido en el magma de los motores y la vida moderna—»12.
Sin embargo, la relación entre palabra y sonido va más allá de la literatura escrita. Parte importante del Programa de registro a mi cargo, se basa en el trabajo de campo en comunidades mapuche donde no se generó un sistema de lecto-escritura y la oralidad constituye no sólo la forma tradicional de educación, sino el corpus intangible de conocimiento, creencias y organización.
La comunidad mapuche es el mayor y más representativo grupo étnico de Chile, y estuvo asentada originalmente en el sur del país. Cuatro son los subgrupos dependiendo del área geográfica, variantes que se reflejan además en la lengua. Uno de estos subgrupos es el mapuche l’afkenche13 14, ubicados desde el lago Budi por el norte hasta el río Valdivia por el sur. [Figura 1]
A pesar de su ubicación costera, su actual economía se basa principalmente en la agricultura: mientras su relación con el mar se mantiene más bien distante, asociada al mito o a lo desconocido, sin embargo, es ampliamente reconocido su vasto conocimiento en plantas medicinales.
La tradición oral l’afkenche cuenta de un mundo paralelo que existe bajo el mar, el Sumpallwe, cuyos habitantes conviven cotidianamente de forma similar a los humanos y sus costumbres. Un ser especial que habita el Sumpallwe es el Ngüngül, con forma de chungungo gigante15, y la tradición cuenta que al revolcarse en el fondo del mar genera un estruendo que logra viajar varios kilómetros. Entonces, cuando el Ngüngül se «revuelca» por el sur significa que el día será soleado, mientras que si lo hace por el norte anuncia la llegada de la lluvia [Figura 2].
El lago Budi se encuentra a pocos kilómetros de la costa Pacífico y sus afluentes han cubierto las playas de «huevillos» (piedras de río). Además, geográficamente este sector no presenta bahía en una extensión de más de 100 kilómetros, recibiendo el oleaje de un mar bravo e imponente. Ambas características generan un sonido grave y continuo que se escucha a considerable distancia hacia el interior del territorio, especialmente en las zonas altas de los montes, variando su procedencia según la dirección del viento.
Para cualquier sureño es bien sabido que el viento sur traerá buen clima y el norte la lluvia, pero lo que nadie imagina es que los azares del clima están bajo la voluntad del travieso Ngüngnül16 17. Pero a diferencia del faro en el Point Atkinson, el corno en la Escocia medieval y las campanas de las iglesias de Santiago de Chile, el Ngüngül no es una fuente sonora creada por el hombre y, pese a su origen natural, pertenece a la categoría de hito sonoro. Esto es debido a que toda una población decodifica este sonido como un mensaje consensuado, a través del cual, se identifica geográficamente y se representa como colectivo. [Audio 1]
[Audio 2].