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Paisajes sonoros I
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Patrimonio, oralidad y paisaje sonoro Por Luis Barrie

Resumen

Desde 1999 el Programa Paisaje Sonoro, financiado por el Fondo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile, ha gestionado una serie de proyectos de rescate de patrimonio inmaterial, con un fuerte vínculo con la comunidad indígena del país. La siguiente presentación hace una exposición de esta experiencia utilizando como punto de referencia los trabajos iniciales del World Soundscape Project.

Introducción

El presente texto considera como punto de partida dos afirmaciones que, si bien no participan en el actual debate de la ingeniería acústica, son propuestas como una referencia importante a la hora de discutir sobre diseño sonoro urbano, especialmente aquel con pertinente atención en los efectos sobre la comunidad y su interacción con el paisaje. La primera dispone que:

«Si admitimos que los estímulos percibidos desde el medioambiente no son recibidos por nuestros sentidos en forma pasiva, nuestra memoria no constituirá una réplica exacta del mundo exterior, y por tanto, corresponderá a una interpretación basada en cómo comprendemos nuestro entorno y nuestra supervivencia»1.

En rigor, el paisaje sonoro puede ser entendido como un sistema estocástico en el cual intervienen simultáneamente una gran cantidad de emisiones. Diferentes grados de correlación entre estas señales hacen de este campo sonoro un modelo aleatorio predecible sólo a partir de regularidades estadísticas, donde la extracción de información relevante, el make sense2, estará dada por la forma en que el auditor discrimina y jerarquiza dichas señales sonoras.

La habilidad de jerarquizar depende de un proceso de adaptación, y por tal, variará en la medida que el auditor esté o no habituado al entorno sonoro, cualitativamente representado por su condición de balance frente a la variabilidad y complejidad de una comunidad acústica específica3 4.

Aun sin detenerse a examinar los descriptores de balance, variabilidad y complejidad, este modelo permite explicar por qué un mismo flujo de señales acústicas es capaz de activar diversos, inclusive opuestos, estados de audición. Esto último dicho en los términos prácticos del control de ruido, apunta a la aparente contradicción en actitudes de tolerancia o molestia frente un mismo nivel de ruido.

La influencia de la función predictiva en los estados de audición, se demuestra al comparar el grado de alerta del extranjero en un entorno desconocido versus la supuesta despreocupación por parte del lugareño. Mientras un auditor no habituado buscará atentamente crear el patrón que informe de su situación dentro del escenario desconocido, el auditor habituado descifra esta información con un mínimo de esfuerzo, logrando satisfacer sin sobresaltos sus requerimientos básicos de supervivencia.

Esta analogía basada en el modelo comunicacional coloca al individuo en el centro del sistema hombre – sonido, a diferencia de la acústica tradicional donde el modelo de transmisión de energía sitúa al auditor como último elemento de la cadena emisor – medio – receptor.

Instalar al auditor en el centro del sistema permite redefinir una nueva condición de balance que ya no corresponde sólo al equilibrio básico en términos de decibelios, sino además la capacidad del individuo a intercambiar información con el entorno. Es decir, un auditor participará del paisaje sonoro tanto como las otras fuentes, sólo si existe un estado de balance respecto a sus niveles de emisión, pero el modelo comunicacional considerará también su competencia en el lenguaje sonoro que opera en aquel escenario.

Estos códigos de intercambio, rescatados consciente e inconscientemente desde el paisaje sonoro, se consolidan a través del tiempo y construyen nuestra memoria auditiva.

Enmarcados en este contexto, se expone entonces la segunda afirmación: 

«Cualquier comunidad es indivisible a un hábitat específico»5.

En términos electroacústicos esto se refleja en el hecho de que cualquier registro sonoro de nuestros paisajes, aun constituyendo un archivo único e irrepetible, genera consensos en significados y evocación.

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Notas

  • (1) SHACTER, Daniel L.: Memory Distortion: How Minds, Brains, and Societies Reconstruct the Past. 1995. volver
  • (2) OSTWALD, Peter F.: «How the sounds make sense», The Semiotics of Human Sound. 1973. volver
  • (3) TRUAX, Barry.: Electroacoustic Music and the Soundscape: The inner and outer World. 1992. volver
  • (4) TRUAX, Barry: Acoustic Communication. 2001. volver
  • (5) SMITH, Anthony D.: The Ethnic Origins of Nation. 1986. volver
I Encuentro Iberoamericano sobre Paisajes Sonoros. Festival América-España. OCNE. Madrid, 2007
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