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Paisajes sonoros I
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Un poco de historia: Diseños sonoros en los jardines del Renacimiento y Barroco (4 de 7)

Árboles y pájaros artificiales aparecen en muchas otras referencias de embajadores y viajeros medievales a Oriente. También en América hallamos casos extremos de naturaleza artificial: un jardín en Cuzco «de oro y plata», donde, según describía el Inca Garcilaso, «havía muchas yervas y flores de diversas suertes, muchas plantas menores, muchos árboles mayores, muchos animales chicos y grandes (…) mariposas y pájaros y otras aves mayores del aire, cada cosa puesta en el lugar que más al propio contrahiziesse [imitase] a la natural que remedava». Había también un gran maizal y árboles frutales «con su fruta toda de oro y plata», incluso leña y también «grandes figuras de hombres y mujeres y niños, vaziados [es decir, formados] de lo mismo (…) todo para ornato y mayor majestad de la casa de su Dios el Sol»28.

En la Europa cristiana, al final de la Edad Media, los autómatas ocupaban algunos lugares cortesanos de recreo y muchos de los relojes públicos de las catedrales o ayuntamientos. El reloj del medievo fue inicialmente una ambigua mezcla de representación y seguimiento del cosmos; sin embargo, pronto le fueron añadidos elementos más domésticos y bizarros: gallos que cantaban las horas, androides que golpeaban las campanas o conjuntos de autómatas que desfilaban, saludaban o representaban pequeñas historias a las horas principales29.

Siguiendo los consejos de Vitruvio, la mecánica fue una parte esencial en la formación de los artistas del Renacimiento. Artificios de diverso tipo se encuentran entre las más famosas realizaciones de algunos de ellos, como el Paradiso de San Felice diseñado por Brunelleschi30 para la Fiesta de la Anunciación en Florencia o, más adelante, los ingenios de Leonardo para la Festa del Paradiso en la Corte milanesa de los Sforza31. Además, la máquina automática frecuentemente asumirá o proclamará, en los siglos XVI y XVII, una particular idea de armonía del mundo, una concordia de lo diverso, que vemos reflejada no solo en las disquisiciones teóricas de la época sino también dentro de los jardines y en las colecciones y gabinetes de príncipes, aristócratas e intelectuales.

Conceptos como lo fantástico, lo maravilloso, la delicia, son los más adecuados al arte que predomina en las cortes europeas del siglo XVI, y es aquí donde las máquinas inventadas por los sabios de Alejandría para disfrutar y maravillar encuentran su mejor habitat32. La deslumbrante unión de música, ruido y movimiento fascinará a toda una época que había perdido la fe en el control racional de la Naturaleza y de la Ciencia y que se sumergía en la fiesta, el teatro, el jardín o la cámara de maravillas como un refugio o una huída frente a un mundo cuya comprensión racional le parecía imposible33.

La literatura nos dejará ejemplos fantásticos, pero no menos artificiosas y casi tan sorprendentes son la multitud de fórmulas intermedias entre naturaleza e invención, sofisticadas unas y extravagantes otras, de los jardines reales, no imaginados, del Renacimiento y Barroco. Pensemos en fantasías como las innumerables grutas artificiales que poblaron primero Italia y enseguida toda Europa, en las que los límites entre lo real y lo fingido se diluyen hasta lo insospechable34 o, también en la frontera entre lo natural y lo artificial, los intrincados tapices dibujados en el suelo por flores y plantas y las figuras esculpidas exclusivamente con elementos vegetales, siempre vivos y sometidos a una poda permanente: ars topiaria la llamaron los romanos y ahora alcanzaría sus realizaciones más artificiosas.

En las páginas del fascinante Sueño de Polifilo, un extravagante y fascinante libro publicado sin firma en Venecia en 149935, plagado de metáforas, fantasías y descripciones de artificiosos jardines, encontramos algunos de sus diseños más enrevesados y extravagantes. Toda la novela es un viaje alegórico al centro de un enorme jardín laberinto, la isla circular de Citerea [Figura 9] y al mismo tiempo, con sus morosas descripciones, un repertorio de fascinantes ideas que tendrán gran influencia en los jardines de los siglos siguientes. Encontramos en el Palacio de la reina Eleuterílida un patio cubierto por una parra «de oro cuyas hojas estaban hechas de espléndida esmeralda escita agradabilísima a los ojos…», sus flores eran imperecederas, «de zafiro y berilo y estaban distribuidas aquí y allá, y los frutos estaban formados de gruesas piedras preciosas o en fingidos racimos de piedrecillas amontonadas, perfectamente dispuestos entre las verdes hojas con gran habilidad, de colorido semejante al natural»… y ve otros tres jardines antes de continuar su marcha: en uno, las plantas «en lugar de ser naturales estaban hechas todas de purísimo vidrio», con sus troncos de oro y «hierbas de muchas clases, realizadas con admirable ejercicio imitando de modo elegante a la naturaleza»; en el segundo «todo estaba maravillosamente realizado en seda: los bojes y cipreses eran de seda, con los troncos y las ramas de oro y gran cantidad de gemas diseminadas», el suelo era «de terciopelo verde, como si se tratara de un prado, y en su centro había una pérgola (…) cubierta por las ramitas de oro de muchos rosales floridos de seda, cuya materia —dice Polifilo— casi juzgaba yo más aceptable por los sentidos que la natural»; en el tercero se invierten los términos y es la naturaleza la que oculta la obra del hombre: «todo era de ladrillo, bellísimamente cubierto de verde yedra, de modo que no estaba a la vista el menor vestigio de las paredes»36.

Mecanismos interiores del «Autómata móvil» de Herón de Alejandría, según Bernardino Baldi, traductor de su tratado de autómatas («Di Herone Alessandrino Degli Automati, overo machine se moventi...», Venecia, 1589)

Figura 6
Mecanismos interiores del «Autómata móvil» de Herón de Alejandría, según Bernardino Baldi, traductor de su tratado de autómatas (Di Herone Alessandrino De gli Automati, overo machine se moventi…, Venecia, 1589). volver

Ilustración de los Teoremas I y III de Giovanni Battista Aleotti (Combate de Hércules con el dragón y Escena de fragua, respectivamente) a partir del «Tratado de Neumática de Herón de Alejandría» (en «Gli artificiosi et curiosi moti spiritali di Herrone...», Ferrara, 1589)

Figura 7
Ilustración de los Teoremas I y III de Giovanni Battista Aleotti (Combate de Hércules con el dragón y Escena de fragua, respectivamente) a partir del Tratado de Neumática de Herón de Alejandría (en Gli artificiosi et curiosi moti spiritali di Herrone…, Ferrara, 1589). volver

Athanasius Kircher: Gruta con órgano hidráulico y autómatas (en «Musurgia Universali...», Roma, 1650)

Figura 8
Athanasius Kircher: Gruta con órgano hidráulico y autómatas (en Musurgia Universali…, Roma, 1650). volver

Plano esquemático de la isla-jardín de Citerea (en «Poliphili Hypnerotomachia...», Venecia, 1499)

Figura 9
Plano esquemático de la isla-jardín de Citerea (en Poliphili Hypnerotomachia…, Venecia, 1499). volver

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Notas

  • (28) VEGA, Inca Garcilaso de la: Comentarios Reales de los Incas [1.ª ed. Lisboa, 1609]. Ed. de Ángel Rosenblat. Buenos Aires, Emecé, 1943, lib. III, cap. XXIV, pp. 179‑180. volver
  • (29) Ofrecen numerosos ejemplos CHAPUIS y GÉLIS, en Le Monde des Automates…, vol. I, pp. 83-188. Véase también CLAGETT, Marshall: The Science of Mechanics in the Middle Ages. Madison, University of Wisconsin Press, 1959, y CESERANI, Gian Paolo: I falsi Adami. Storia e mito degli automi. Milán, Feltrinelli, 1969, pp. 21-42. volver
  • (30) VASARI, Giorgio: «Filippo Brunelleschi», en Le vite de' più eccellenti… Parte Seconda, Florencia, apresso i Giunti, 1568. Ed. de Gaetano Milanesi, Florencia, Sansoni, 1906 [reimpr. 1973], t. II, p. 375. volver
  • (31) Se conserva en la Bibl. Estense de Módena un relato manuscrito de Giacomo TROTTI, presente en el acontecimiento. Véase SOLMI, Edmondo: «La festa del Paradiso di Leonardo da Vinci e Bernardo Bellincione (13 gennaio 1490)». Archivio Storico Lombardo (Milán), IV, 1 (1904), pp. 75-89. volver
  • (32) Las primeras traducciones a lengua vulgar de estos tratados  de la Escuela de Alejandría fueron italianas; destacan Di Herone Alessandrino Degli Automati, overo Machine se moventi, libri due, tradotti dal greco da Bernardino Baldi. Venecia, Girolamo Porro, 1589 [Figura 6] y Gli artificiosi et curiosi moti spiritali di Herrone. Tradotti da M. Gio. Battista Aleotti d'Argenta. Aggiontovi dal medesimo Quattro Theoremi... Et il modo con che si fa artificiosamte salir un canale d'acqua viva, o morta, in cima d'ogn'alta torre. Ferrara, Vittorio Baldini, 1589 [Figura 7]. volver
  • (33) ARACIL, A.: Juego y artificio…, pp. 143-339. volver
  • (34) Los materiales, las conchas, moluscos, minerales o simple piedra arquitectónica, juegan allí más que en ninguna otra parte a imitarse unos a otros, cuando no a confundir o intercambiar funciones. Un caso especial es el de las terracotas esmaltadas de Bernard Palissy, que reproducían animales, plantas, rocas y metales hasta el último detalle de color y forma. Sobre esto último véase DIMIER, Louis: «Bernard Palissy rocailleur, fontenier et décorateur de jardins». Gazette des Beaux-Arts, 1934, julio, pp. 8-29. Las grutas fueron, además, frecuentemente habitación de autómatas capaces de representar pequeñas historias y hacer sonar música por sí mismos, como vemos en la [Figura 8], tomada de KIRCHER, Athanasius: Musurgia Universalis, sive Ars Magna Consoni et Disoni in X Libros digesta. Roma, haeredum Francisci Corbelletti, 1650. volver
  • (35) Poliphili Hypnerotomachia, ubi humana omnia non nisi somnium esse ostendit, atque obiter plurima scitu sane quam digna commemorat. Venecia, in aedibus Aldii Manutii, 1499. Literalmente, «Batalla de amor en sueños…». La obra está fechada al término del libro II en 1467, pero no fue publicada hasta el final del siglo. Aunque se daba casi por concluido el problema de su autoría en favor de Francesco Colonna, recientemente Liane Lefaivre ha propuesto que se trata de una obra de Alberti. El asunto vuelve a quedar abierto a discusión. Véase Lefaivre, Liane: Leon Battista Alberti's Hypnerotomachia Poliphili. Reconfiguring the architectural body in the Early Renaissance. Cambridge, Mass., The MIT Press, 1997. volver
  • (36) Poliphili Hypnerotomachia…; trad. de Pilar Pedraza… Colonna, Francesco: Sueño de Polifilo. Murcia, Yerba / Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Murcia, 1981, vol. II, pp. 86-87, 107 y 110-111. volver
I Encuentro Iberoamericano sobre Paisajes Sonoros. Festival América-España. OCNE. Madrid, 2007
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