Las canciones publicitarias originales son parecidas a los jingles, ya que se trata de canciones compuestas para anuncios publicitarios, pero se diferencian de éstos en que su letra no es comercial ni hace referencias al producto o servicio anunciado.
Ya se ha citado «Libertad sin ira», que catapultó al grupo Jarcha, en los 70; o «Habla, pueblo, habla», de esa misma época. Mucho más reciente es el caso de «No me llames iluso», cantada por Lichis y su grupo La cabra mecánica, y que nace a partir de una campaña realizada por los creativos de la agencia McCann Erickson para la ONCE. La enorme popularidad alcanzada por el estribillo publicitario en los anuncios de televisión y radio hizo que se compusiese la canción entera para lanzarla al mercado discográfico.
Otro ejemplo de este tipo de música realizada para publicidad que logra posteriormente un espectacular éxito trascendiendo con mucho la pura campaña son las cancioncitas de la campaña del verano de 2003 de la ONCE. Se trataba era divertir ridiculizando las típicas canciones de verano, con el mensaje de «para hacerte millonario, o haces la canción del verano o compras el cupón de la ONCE». Así, con la idea de parodiar las canciones que triunfan en la temporada estival, con letras tontas y estribillos tremendamente pegadizos, los creativos de la agencia madrileña DDB hicieron varias letras típicas de las vacaciones.
También relacionada con el verano está «El tema del verano 2», de CIT, que reúne todos los tópicos de las canciones del verano, y de hecho se convirtió en auténtico éxito en su país, Argentina. En España hay que referirse sin duda a «Amo a Laura», de MTV, que fue un auténtico fenómeno publicitario y masivo; la de Renault con el pianista Richard Clayderman, o la de Trinaranjus. Otras destacadas son el GRR de Honda, Gran Premio en el festival de Cannes; o el «Todo se va a mierda» que vende los servicios de la Shackleton en plena crisis económica internacional.