La década de 1980
Los años del videoclip y «La movida».
La década de 1980 está unida a un término que hizo: «la movida». Identificada sobre todo con Madrid, aunque fenómenos similares tuvieron lugar en otras ciudades y poblaciones españolas, es un término lo bastante ambiguo como para servir de base o punto de partida a multitud de análisis sociales, culturales, musicales y hasta políticos sobre esa época.
Esoa años 80 fueron también los de la gran explosión de la creatividad española. La inversión publicitaria aumentaba entre el 15 y el 30% anual, gracias tanto a los anunciantes internacionales que venían a instalarse en el país como a los que ya estaban anteriormente, y apostaban decididamente por la publicidad para conseguir vender sus marcas. Las agencias multinacionales que todavía no tenían oficinas en España se apresuraron a estar presentes en un mercado creciente que había consolidado la democracia y se aprestaba a incorporarse a la Unión Europea, y tras los norteamericanos llegaron otros grupos ingleses, franceses, italianos, alemanes y hasta japoneses.
Apoyados en mayores anunciantes, recursos y excelentes ideas, la publicidad española comenzó su etapa más gloriosa, hasta el punto que en el sector empezó a hablarse del «estilo español». España pasó de ser un país más donde se emitían campañas internacionales realizadas en Estados Unidos o Inglaterra a ser un vivero de ideas que los mismos grandes anunciantes empezaban a tener en cuenta para encargar nuevos anuncios. Los dos grandes premios conseguidos por agencias españolas en el Festival Publicitario de Cannes, considerado el más prestigioso del sector, supusieron la culminación del prestigio internacional de nuestra creatividad. A comienzos de la década de 1990 se hablaba de España como el tercer país más creativo del mundo, tras Estados Unidos y el Reino Unido.
Aunque lo que vino en denominarse estilo publicitario español tenía muy poco que ver con la música. Se basaba en ideas que parecían simples pero en esa misma teórica simplicidad radicaba su mayor mérito y valor, al ser rodadas con pocos recursos, lo que incluso las hacía más impactantes y eficaces. La música tenía casi siempre un papel secundario, de simple banda sonora o acompañamiento, como el fragmento de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvořák que sonaba de fondo en la campaña de Contrapunto para RTVE que ganó el Gran Premio del Festival de Cannes en 1989, o el «Aleluya» que acompañaba a las monjitas que probaban la eficacia del pegamento Rubber Cement sobre la colita rota de un niño Jesús, en el anuncio que ganó el Gran Premio del mismo festival en 1992. Un título que los convierte teóricamente en los mejores anuncios realizados en todo el mundo en aquellos años.
Quizás por aquella simplicidad imperante en las ideas, la música no brilló especialmente en la publicidad española de los 80. Su papel protagonista se limitaba sobre todo a los anuncios dirigidos a niños, con canciones omnipresentes desde muchos años antes, como «Las muñecas de Famosa», o el «Vuelve a casa, vuelve por Navidad» de turrones El Almendro.
También fueron los años en los que el patrocinio de las giras y conciertos musicales empieza a ser habitual entre las grandes marcas, sobre todo las dirigidas a los jóvenes y adolescentes. Estas marcas tenían claro que la música es uno de los mejores vehículos para llegar y conectar con los jóvenes, y el éxito de la recién nacida cadena musical MTV con los videoclips hace que ese nuevo formato audiovisual empiece a estar de moda en la publicidad. De hecho, el estilo de los videoclips influyó decisivamente en la realización de spots publicitarios, dando lugar a un formato que sigue empleándose con frecuencia en campañas dirigidas a los más jóvenes. Internacionalmente está el ejemplo de Pepsi Cola con Michael Jackson como gran estrella cuando estaba en la cima de su fama; mientras Coca Cola contaba en España con Mecano, Danza Invisible, La Unión y muchos otros.
Y así empieza a ser habitual que las marcas estén presentes en los grandes conciertos y eventos musicales, tendencia que se consolidará y aumentará cada vez más, utilizando el patrocinio para tratar de vincularse a los valores emocionales de la música, sin duda uno de los puntos de atracción preferente en los jóvenes.
Clásicos de la época son el hombre de la Tónica, que hizo que España sea de los países donde más se bebe como refresco; o los cuerpos Danone, que lograron popularizar el yogur entre toda la familia y, lo que es más difícil, entre los jóvenes, con sensuales melodías y anuncios que recuerdan a los de perfumes. El Chup Chup de Avecrem o el «Tenía que ser Cheiw» fueron tan conocidos como Chispas, «Tu primera colonia» o el «Queremos turrón» de Antiu Xixona. Comenzaba a venderse el Bolycao y los Petas Zetas, y Martini se tomaba «Donde estés y a la hora que estés». RENFE mejoraba el tren de vida y daba la bienvenida con la música de Cabaret; y el Seat Terra con la de la zarzuela La corte del faraón, coincidiendo con la película protagonizada por un joven Antonio Banderas. La música ayudó también a saber de forma amigable lo que «Si da» o «No da», es decir, lo que falilitaba el contagio del SIDA; y hasta la propia Monserrat Caballé ponía voz a la campaña institucional de promoción de Alimentos de España.