Casi nueve de cada diez anuncios de televisión tienen algún tipo de música. Este dato refleja lo imprescindible que es para la publicidad contar con un acompañamiento musical. En muchos casos la música tiene un claro papel protagonista, en otros actúa como un elemento que cataliza, amplifica o refuerza las sensaciones, sentimientos y contenidos que quiere transmitir el mensaje publicitario; y en casi todos tiene una función de enorme relevancia. Nadie duda de que la publicidad perdería una de sus herramientas más eficaces si no contase con la música.
Han pasado 90 años desde que en la década de 1920 se emitió el primer jingle o canción publicitaria en California (Estados unidos) con el dúo The Happiness Boys para la marca de calcetines Interwoven Socks. Desde entonces innumerables canciones publicitarias han llenado nuestra memoria. ¿Quién no recuerda y tararea «yo soy aquel negrito…» de Cola Cao; descriptivos musicales del producto como el «leche, cacao, avellanas y azúcar…» de Nocilla; mensajes de alegría como «al mundo entero quiero dar, un mensaje de paz…» que emitía en numerosos países Coca Cola en 1971; sensaciones de nostalgia como el «vuelve, a casa vuelve, por Navidad» de turrones El Almendro; sentimientos de esperanza democrática en los primeros años de la transición, con aquel «libertad sin ira» grabado por Jarcha para el lanzamiento del Diario 16; o las divertidas canciones mucho más recientes, como el «Amo a Laura» de la MTV y el «Tú me das cremita, yo te doy cremita» de la ONCE?