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Taller de restauración

Ephemera: la vida sobre papel. Introducción

Por Rosario Ramos Pérez*

¿Qué es Ephemera?

La palabra ephemera es de origen griego (ephemeros) y procede de un plural neutro latino. Se aplica a lo que dura sólo un día, como algunas plantas e insectos que cumplen el ciclo de su vida en un periodo muy corto. Ha sido en un pasado relativamente reciente y, concretamente en el mundo anglosajón, cuando se ha aplicado específicamente al papel. John Lewis utiliza por primera vez el término en su obra Printed Ephemera para referirse a una serie de obras impresas sobre papel. A partir de este momento surgen los estudios sobre lo que es ephemera, las colecciones que se incluyen dentro de sus límites y las mejores formas para su acceso y organización. Alan Clinton recoge el debate producido en Gran Bretaña, durante los años sesenta y setenta, entre los principales autores que han investigado sobre el tema y los diferentes profesionales interesados en su estudio: bibliotecarios, archiveros, historiadores y coleccionistas. En este sentido menciona la definición que aporta John E. Pemberton de ephemera: «documentos que han sido producidos en relación con un acontecimiento determinado o un artículos de interés actual y que no pretenden sobrevivir a la actualidad de su mensaje». Clinton aporta otra definición importante para su referencia al proceso de las obras: «una documentación impresa o casi impresa que escapa a los canales normales de publicación, venta y control bibliográfico. Cubre tanto publicaciones que están libremente disponibles para el público en general, como otras destinadas a una tirada limitada y especifica. Para los bibliotecarios esto viene definido por el hecho de que tiende a resistirse a un tratamiento convencional en cuanto a adquisición, organización y almacenamiento y ello puede no justificar una catalogación completa». En un diccionario de arte, la voz de ephemera recoge una definición con la enumeración de algunos tipos de materiales: «Término usado para describir elementos heterogéneos, insustanciales e impresos (y menos comúnmente manuscritos) que eran producidos para un uso corto y que después se desechaban. Abarca materiales tan dispares como: felicitaciones, encabezamientos de facturas, carteles, tarjetas comerciales, folletos electorales, anuncios, baladas callejeras, prospectos, ex libris, encabezamientos de papel de cartas, invitaciones de teatro y conciertos, entradas, hojas religiosas, etiquetas y envoltorios. Los parámetros precisos del término han ocasionado muchas discusiones, pero el rasgo distintivo de ephemera es que no pretende sobrevivir».

Michael Twyman en la introducción de la obra The Encyclopedia of Ephemera señala la dificultad de reducir a unas pocas palabras la variedad de elementos que se mencionan en las entradas de esta extensa y completa enciclopedia «desde los que incluyen asuntos manuscritos o impresos, registros del pasado y del presente (tanto humildes como prestigiosos), elementos diseñados para ser desechados (billete de autobús) o para ser conservados (cromos de cigarrillos), y documentos de importancia considerable (al menos para el individuo interesado) hasta el más trivial». Es evidente el interés de Gran Bretaña y Estados Unidos por todo lo relacionado con ephemera; interés que se traduce en la creación de la Ephemera Society of London, fundada en 1975 por Maurice Rickards, quien influye decisivamente en la formación de otras sociedades similares en Estados Unidos, Australia, Canadá y algunos países europeos. Julie Anne Lambert destaca la importancia de dos grandes colecciones, la de John Johnson (1882-1956) en Oxford (Inglaterra), y la de Bella C. Landauer (1875-1960) en Nueva York porque son «las primeras en concebir las colecciones de ephemera impresa de forma global»; seguramente ambas están en el origen de su desarrollo como categoría independiente y del interés por su estudio e investigación en estos dos países. En Francia también se adopta el término éphémère en el mismo sentido. En un número monográfico de la revista de la Bibliothèque Nationale de France, Valérie Tesnière y Nicolas Petit aportan su definición haciendo hincapié en las diferentes técnicas que pueden emplearse en este tipo de obras: «se trata de un documento impreso, grabado, litograbado, autograbado (obtenido, en suma, por no importa qué medio de reproducción mecánica), cuyo soporte puede sobrevivir, por su propia inercia, a la emisión de un mensaje inmediato que no pretende pasar a la posteridad».

Mientras tanto, en España, Eliseo Trenc Ballester publica en 1977 su obra Las artes gráficas de la época modernista en Barcelona, en la que se dedica un capítulo a una serie de obras impresas sobre papel: tarjetas comerciales, prospectos, tarjetas de visita, christmas y tarjetas de Año Nuevo, invitaciones, programas y carnets de baile, programas de fiesta, catálogos e invitaciones de exposiciones, participaciones de nacimiento, de boda, esquelas de defunción, recordatorios de Comunión, calendarios de bolsillo y murales, menús, cromos, marcas, etiquetas, etc. A todas ellas las denomina con el término global de «pequeño impreso» delimitado a una zona geográfica, Cataluña, y a una época determinada en la que el modernismo se impone en todos los ámbitos incluido el de las artes gráficas. Trenc Ballester expresaba entonces el deseo de que «esta primera visión de conjunto de las formas modestas del arte aplicado, pequeñas por su formato, pero grandes por su calidad artística y su valor sociológico, aliente su colección y su estudio».

Este y no otro es, precisamente, el objetivo que se ha perseguido con la presente exposición: reunir, ordenar y procesar un conjunto de obras que se engloban dentro del término ephemera para ponerlas a disposición de investigadores sobre historia del arte, de las costumbres sociales, de la historia de la imprenta y las artes gráficas, etc., de forma que la Colección de Ephemera de la Biblioteca Nacional se convierta en una fuente más de investigación.

La Colección de Ephemera de la Biblioteca Nacional

A principios de 1991, la jefe del Servicio de Dibujos, Grabados y Fotografías, Elena Santiago Páez, me asignó la tarea de ordenar una serie de obras que parecían tener unas características físicas y de contenido similares. Dada la importancia de los fondos que existían, estos pasaron a formal la colección de Ephemera de la Biblioteca Nacional, hasta ese momento inexistente.

Lo primero era establecer los criterios conforme a los que debía estructurarse la colección y las pautas con arreglo a las cuales había de organizarse el fondo en cuestión. Había que partir de la identificación del tipo de obras y de sus características para comprobar que, aun siendo de distinto género, podían formar parte de una misma colección. Una vez estudiado el significado del término ephemera y considerando que era el adecuado para dar nombre a la colección, el primer paso que había que dar era definir sus límites, atendiendo por un lado, a su contenido y, por otro, al periodo cronológico que abarca.

Como quiera que la sección creada pertenecía al Servicio de Dibujos y Grabados y a la Biblioteca Nacional de España, estableció un criterio de selección de obras principalmente ilustradas y de origen y elaboración españoles. Si bien existen casos de incorporación a la colección de elementos tanto exclusivamente tipográficos como extranjeros, que fueron aceptados por formar parte de una serie o colección que no debía ser dividida y por su interés artístico y documental.

El periodo cronológico establecido se sitúa entre 1850 y 1950. Es a partir de mediados del siglo xix cuando se generaliza la aparición de la mayoría de estas representaciones gráficas y cuando se desarrollan las técnicas que predominan en la realización de los mismas: litografía, cromolitografía, fotografía y los diversos sistemas fotomecánicos derivados de su aparición: fototipia, tricromía, huecograbado, reproducción fototipográfica; aunque también se utilizan otras técnicas como el grabado al acero (estampas devocionales), el dibujo a la acuarela, la tinta china y el gouache (dibujos preparatorios para etiquetas). Por otro lado, 1958 marca la aparición de la Ley de Depósito Legal, que supone la llegada a la Biblioteca Nacional de muchos miles de documentos contemporáneos herederos, por sus características, de los materiales de la Colección de Ephemera, que requieren una atención y tratamiento urgentes, por contener una información decisiva para las generaciones venideras.

Localización de obras en la Biblioteca Nacional

Era previsible que la Biblioteca Nacional contase entre sus depósitos con obras de características que las situaban de forma clara en la Colección de Ephemera, empezando por los fondos del Servicio de Dibujos y Grabados.

Durante años habían ingresado en este servicio diversas obras de características específicas que no se encuadraban en ninguna de las colecciones existentes: grabado, dibujo o fotografía. Se localizaron, registradas con signatura de inventario (obras sueltas), de ER y BA (libros), varias colecciones de cromos, cajas de cerillas, calendarios murales, felicitaciones, atlas y un interesante apartado de etiquetas de cajas de pasas y de naranjas de finales del siglo xix. Sin procesar se encontró una extraordinaria colección de varios miles de cajas de cerillas de las más importantes marcas de fábricas españolas y extranjeras, de una gran riqueza en cuanto a cantidad, temática y técnicas. Además, había ingresado poco años antes, por compra, una magnífica colección de marquillas cigarreras cubanas y otra de felicitaciones, recordatorios y tarjetas comerciales.

En el Depósito General se localizaron y trasladaron varias cajas que contenían hojas y folletos impresos, procedentes de la antigua Sala de Varios, algunos de ellos ilustrados (menús, listas de precios, itinerarios, etc.).

Por otro lado fueron localizadas y trasladadas varias colecciones de láminas de recortables anteriores al año 1950, depositadas hasta entonces en la antigua Sección de Literatura Infantil.

Adquisición de obras

A lo largo de todos estos años se ha procedido a la compra de colecciones de ephemera según el presupuesto adjudicado al Servicio y posteriormente haciendo propuestas de compras que tuvieran interés, previa localización, selección y realización de los trámites burocráticos necesarios para ello. Por este motivo he visitado de forma regular librerías, ferias de anticuarios, ferias de papel antiguo, coleccionistas particulares, etc., con el fin de localizar y seleccionar correctamente las obras de ephemera más interesantes para la colección. Como consecuencia, el número de sus fondos se ha duplicado desde la creación de la colección con numerosas obras entre las que destacan: una colección de etiquetas de cajas de cigarros, que reciben el nombre de «habilitaciones», otra de etiquetas de bebidas, ambas pertenecientes al periodo cronológico entre 1880 y 1930; una colección de paipáis publicitarios de los años cuarenta y cincuenta; y una más reducida de libritos de papel de fumar. Posteriormente se han adquirido varias colecciones de cromos de Apeles Mestres, dibujante e ilustrador de la Casa de chocolates Amatller, dos álbumes de felicitaciones de Navidad de oficios, otro de invitaciones, programas y carnets de baile, una extraordinaria colección de tarjetas postales de los mejores ilustradores catalanes de principios del siglo xx y más de mil quinientas de tarjetas con publicidad de productos farmacéuticos de los años treinta, cuarenta y cincuenta del siglo xx. Una de las adquisiciones más recientes, y que no figura en este catálogo, es una fantástica colección de más de quince mil etiquetas de hotel, extraordinaria por su temática, cantidad y calidad.

Con respecto a la compra de este tipo de materiales, hay que puntualizar que el criterio que ha guiado esta política de adquisiciones no está dirigido a completar colecciones, pues es imposible una labor totalizadora, y al no tener la Biblioteca Nacional las funciones de coleccionista, se aplica el criterio de lo que debe ser la Colección de Ephemera en cuanto a reunir aquel material que realmente sea de interés para la misma.

Las donaciones, aunque no muy numerosas, sí han sido importantes para la colección, como, por ejemplo, un álbum de etiquetas de leche condensada correspondiente a la época de la guerra civil española, un teatrito y otros juegos sobre cartulina, estampas devocionales, cajas de cerillas, tarjetas y etiquetas comerciales, etc. De forma progresiva, la relación con los coleccionistas y la constatación de la labor realizada por la Biblioteca Nacional están incidiendo en un aumento del número de donaciones de estos materiales que se encuentran en manos de particulares. No quiero dejar pasar la oportunidad de agradecer muy especialmente a todas las personas que han realizado una donación su generosa aportación a los fondos de la Colección de Ephemera y su confianza en que la Biblioteca Nacional era el mejor lugar para conservar sus colecciones.

Proceso técnico. Problemática

La creación de la Colección de Ephemera supuso la superación de una serie de problemas derivados de constituir un fondo que se resiste a seguir los canales normales de adquisición, almacenamiento y control bibliográfico.

La existencia de un número elevado de obras sin ordenar y con problemas de conservación requería, como paso previo, una labor de identificación, ordenación y listado de las mismas, así como solucionar sus problemas de manejabilidad por medio de un almacenamiento adecuado, para, posteriormente, acometer la clasificación de los elementos que componen esta colección.

La primera fase de identificación y ordenación permite ir agrupando los diferentes tipos de materiales e ir elaborando unos listados, que recogen toda la información respecto a cada uno de ellos: relaciones de contenido, temática, técnicas, ilustradores, editores, talleres de impresión, marcas, fábricas y fabricantes de productos y establecimientos comerciales, empresas y comercios, etcétera.

El segundo paso resulta costoso y lento, pero imprescindible para la preservación de la colección, dadas las especiales características de fragilidad de sus materiales (baja calidad de los componentes empleados en su elaboración; empleo de barnices; algunos presentan trabajos de troquelado, silueteado y relieve; otros llevan un bordado sobre papel o piezas superpuestas; y hay despegables o móviles por media de mecanismos de remaches...). Para solucionar este problema recurrí al empleo de materiales especiales de conservación que consisten, básicamente, en fundas trasparentes de película de poliéster, químicamente estable, que se colocan en cajas elaboradas específicamente para el almacenamiento de material delicado, buscando al mismo tiempo una correcta colocación y distribución de los fondos y un máxima aprovechamiento y racionalización del espacio. De esta manera, se desarrollan las mejores condiciones de almacenamiento y conservación y se posibilita el manejo de estos materiales para su consulta e investigación.

El volumen desbordante de estas colecciones hace que los dos últimos pasos mencionados, la ordenación de las obras y su disposición en bolsas y cajas que permitan su consulta, hayan supuesto más del sesenta por ciento del tiempo empleado en estas tareas; de ahí la importancia de sistematizar adecuadamente estos trabajos.

La organización de la Colección de Ephemera se hace atendiendo al contenido, no a la forma, y da lugar a una clasificación por tipos de materiales a cada uno de los cuales se le asigna una letra del alfabeto (A-Felicitaciones, I-Paipáis, L-Cromos...); hay algunas excepciones como los casas en los que se agrupan bajo una misma letra dos o más tipos de obras con características similares (B-Recordatorios y Estampas devocionales, H-Calendarios de bolsillo y murales...). Todo ello convierte la colección en un conjunto clasificado, abierto a futuras incorporaciones de materiales que, hasta ese momento, no estuvieran representados.

Dentro de cada uno de estos apartados se ha procedido a una subdivisión marcada por las exigencias propias de cada colección: una parte importante es de carácter iconográfico como retratos de mujeres, hombres, escenas infantiles, paisajes, animales, personajes mitológicos, etc. (etiquetas de cajas de puros, de bebidas, calendarios); otros, atendiendo al contenido (recordatorios de Comunión o defunción, papel de cartas, etc.); a la forma (felicitaciones de una hoja o despegables); a las series (álbumes de cromos, de cajas de cerillas, etc.); al nombre de la marca comercial (marquillas cigarreras cubanas), etc. Una de las colecciones más numerosa es la formada por más de cuarenta mil cajas de cerillas pegadas sobre pliegos de papel que no guardan, salvo excepciones, ningún orden.

A medida que se finalizaba la ordenación de una colección se procedía a la asignación de signatura, cuya notación responde a la siguiente fórmula: las tres primeras letras de Ephemera (Eph.), que indican la pertenencia a la colección (aunque se han recogido obras con otras signaturas del Servicio de Dibujos y Grabados: Invent/, BA/, 17-/ y que conservan su signatura), después le sigue el número que indica el lugar de localización física o signatura topográfica, la letra que indica el tipo de material, seguida de otra numeración que identifica cada uno de los elementos incluidos en ese bloque. De este modo cada elemento de la Colección de Ephemera es identificado con su propia signatura, lo que permitirá, si conviene en algún caso específico, una catalogación individualizada elemento a elemento, aunque, en líneas generales y dada la naturaleza de la colección no existe una correspondencia entre el coste de tiempo, el trabajo que supondría y los beneficios y rendimiento que se obtendrían. En cualquier caso la totalidad de la colección queda en disposición de ser sometida a la catalogación integral de cada uno de los elementos que la conforman.

La Colección de Ephemera de la Biblioteca Nacional, abarca por tanto, una extensa y variada gama de representaciones gráficas elaboradas con un propósito específico que no pretende sobrevivir a la actualidad de su mensaje; aunque la mayoría tienen una vida útil limitada, acaban convirtiéndose en documentos de gran interés para investigadores y coleccionistas. Algunas obras están relacionadas con toda clase de actos sociales a los que era tan aficionada la clase burguesa del siglo xix: invitaciones, programas, carnets de baile, felicitaciones; o con sus diversiones: cromos, recortables, teatros de papel, etc.; participando además, en el ritual religioso, como se refleja en los recordatorios de Bautizo, de Comunión o en las estampas devocionales. Los almanaques de bolsillo, calendarios murales y paipáis, o las etiquetas y envoltorios de productos comerciales (tabaco, bebidas, cosmética, alimentos, etc.) se convertían en vehículos publicitarios e incitaban al consumo a todas las clases sociales, al llevar impresos sobre ellos divertidos temas infantiles, exóticos paisajes o atractivas y elegantes damas en cromolitografía. Un porcentaje muy elevado de las obras corresponde a un periodo situado entre finales del siglo xix y principios del xx.

La Colección de Ephemera reúne las cerca de ochenta mil imágenes recogidas en el catálogo, aunque ha aumentado y supera ya las cien mil. Son materiales de extrema fragilidad con tendencia a desaparecer físicamente lo que dificulta su localización y adquisición. Las imágenes reflejan los diferentes estilos y corrientes artísticas, destacando las excelentes muestras que la colección conserva de estilo modernista y ArtDecó.

Todas las obras que integran la Colección de Ephemera han sido piezas codiciadas por los coleccionistas. Existía ese gusto por atesorar «trozos de papel» que por diversas razones eran coleccionados por particulares (llegaba incluso a producirse un relevo generacional de padres a hijos a la hora de conservar cromos, cajas de cerillas, etiquetas o felicitaciones). Precisamente este afán por coleccionar estos pequeños impresos es lo que ha permitido que llegasen basta nosotros importantes colecciones que nos permiten la posibilidad de estudiar la evolución y los cambios que han experimentado estas formas de expresión gráfica. Pero tal vez, al margen de las aficiones y gustos personales que movieron a individuos diferentes a conservar estos pequeños impresos, exista una razón común a todos ellos: capturar en esos «trozos de papel» fragmentos de su vida y conservarlos con el mismo celo que se guardan las fotos familiares en un álbum. De igual forma, una felicitación o tarjeta postal que recibimos, el cromo que venía en la tableta de chocolate que tomábamos de niños o la funda de hoja de afeitar que utilizaba nuestro padre nos llevan a revivir y a recordar momentos pasados. Valga esta mención al mundo del coleccionismo como reconocimiento a una labor paciente y constante que nos ha proporcionado interesantes colecciones que contienen una valiosa información sobre nuestro pasado.

Si es entre 1960 y 1970 cuando el término ephemera se utiliza para designar e identificar este tipo de representaciones gráficas y cuando se generalizan los estudios sobre la organización, control y acceso de sus colecciones (John Lewis, Maurice Rickards, Alan Clinton, Chris Makepeace, etc.). Sólo ha sido en las ultimas décadas del siglo xx cuando el valor de ephemera para la investigación ha sido reconocido y promovido formalmente. Aunque ya en 1960, Bella C. Landauer, coleccionista americana que formó una importante colección de arte publicitario y de negocios, depositada en la New York Historical Society, señalaba en un artículo que el propósito de la misma era «señalar e ilustrar recursos no usados anteriormente, disponibles de forma abundante para los historiadores de ciencias sociales y sugerir cómo a través del estudio de lo que son aparentemente trivialidades y material efímero, ellos pueden reconstruir propósitos pasados, esfuerzos, y recurrir a una imagen mental de gustos y predilecciones de generaciones anteriores».

Bibliografía

  • John Lewis, Printed Ephemera. The changing uses of type and letterforms in English and American printing. Woodbridge, Suffolk: Antique Collector’s Club, 1990 [la primera edición es del año 1962].
  • Alan Clinton, Printed Ephemera. Collection, organisation and access. London: Clive Bingley, 1981.
  • The Dictionary of Art, New York: Jane Turner, 1996.
  • Maurice Rickards, The Encyclopedia of Ephemera. A guide to the fragmentary documents of everyday life for the collectol; curator and historian. London: Michael Twyman, TheBritishLibrary, 2000.
  • Eliseo Trenc Ballester, Las artes gráficas de la época modernista en Barcelona. Barcelona: Gremio de Industrias Gráficas, 1977.
  • (*) El presente texto está extraído del que se publicó en el catálogo Ephemera. La vida sobre papel. Colección de la Biblioteca Nacional, Madrid, Biblioteca Nacional. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, 2002, al cual remitimos. volver
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