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Taller de restauración

La restauración de la colección de carteles de la Biblioteca Nacional

La restauración del conjunto de carteles publicitarios de los fondos de la Biblioteca Nacional constituye una nueva meta para cualquier restaurador pues, al elevado número de piezas, la mayoría de las veces de gran formato, hay que sumar que en el conjunto están representadas casi todas las técnicas de impresión, distintos tipos de acabado, así como la utilización de diferentes tipos de papel, en su mayoría de muy mala calidad. En resumen, es un reto que ningún profesional puede rechazar.

Cartel deteriorado

Estado de conservación en el momento de recepción de la obra.

El estado de conservación en el que han llegado hasta hoy estos carteles podemos considerarlo aceptable desde el punto de vista de los restauradores, aunque para las personas ajenas a este campo parezca desastroso. De las 243 piezas de que consta la colección, 139 carteles pueden considerarse en buen estado de conservación, 49 en estado regular, 27 están catalogados como mal y 28 como muy mal conservados. El hecho de que la mayoría fueran entelados a su recepción en la Biblioteca Nacional en el siglo xix les ha proporcionado la resistencia necesaria para aguantar el inexorable paso del tiempo y los distintos avatares que han debido sufrir. En la mayoría de los casos coincide su estado de conservación con la circunstancia de estar entelados o no.

El principal problema que presentan estas colecciones de carteles del siglo xix es la composición del papel con que están hechos. En ese siglo es cuando comienza la fabricación industrial del papel, debido a la gran demanda del mismo, dadas sus múltiples aplicaciones.

Cartel deteriorado

La acidez deriva en papeles muy rígidos y pegadizos.

En esta etapa de fabricación se emplea la totalidad del tronco de los árboles; era un proceso de desfibrado de los troncos previamente descortezados, pero no se purificaban las pastas obtenidas, consiguiendo muy buenos rendimientos. No obstante, a mediados del siglo ya se empezarán a utilizar procedimientos químicos para purificar las pastas, pero estos tratamientos encarecen el proceso de producción y llegan a bajar el rendimiento en peso de la madera utilizada hasta un 50%. Por estas cuestiones tanto de rendimiento de la materia prima como del encarecimiento económico, siguieron y siguen fabricándose papeles baratos y de alto rendimiento de la materia prima, papeles que tienen siempre, en su día, la finalidad de un corto empleo en el tiempo.

Los carteles publicitarios, efímeros por su utilización muy limitada en el tiempo, sufrieron y seguirán sufriendo la utilización de papeles de muy mala calidad.

En el caso que nos ocupa es la acidez intrínseca de los papeles de pasta mecánica el principal problema al que hay que hacer frente, pues no podemos cambiar su composición. No obstante, sí podemos paliar los daños que pudieran ocasionarse, con los diferentes tratamientos que vamos a describir.

Trozo de cartel con suciedad

Catas de la suciedad superficial.

Fragmentos de cartel deteriorado

Catas de la suciedad superficial.


El primer paso que hay que seguir es la evaluación de los daños y las posibles causas que los han producido.

Una vez comprobada la resistencia física del papel, nuestro plan de actuación incluye siempre, como primera etapa, la limpieza mecánica de la suciedad superficial: un trabajo laborioso en el que, con brochas de pelo muy fino, se procede a retirar el polvo superficial para, después, recorrer centímetro a centímetro toda la superficie con los distintos preparados de goma de borrar, según se estime oportuno, en las tradicionales pastillas, en sacos de tela o en polvo.

Tras la limpieza mecánica del cartel, como segundo paso previo a la restauración propiamente dicha, nos enfrentamos a los distintos problemas químicos que la composición del papel y las tintas presentan. Para ello realizaremos los pertinentes análisis químicos. El primer análisis que haremos será la medición del pH que nos dará el grado de realidad de la ya supuesta y constatada acidez.

Para poder realizar convenientemente los tratamientos de desacidificación correspondientes hemos de conocer asimismo el grado de solubilidad de las tintas; por ello hemos de analizar este grado de solubilidad en todas y cada una de las tintas de impresión, así como en aquellas que han sido añadidas con posterioridad, tales como sellos de fechas de tampón, sellos de entidades, textos manuscritos, etc.

Llegados a este punto hemos de tomar las decisiones de la intervención que hay que realizar, dado que la colección presenta gran variedad de estados de conservación. Descartamos inmediatamente cualquier actuación que pueda causar un nuevo deterioro, aunque pudiéramos mejorar la contemplación estética o facilitar su posterior montaje y almacenamiento, problemas que solucionaremos en su momento.

Procuraremos asimismo conservar cuantas actuaciones anteriores se hayan hecho, siempre que no enmascaren el valor documental ni estén causando daño intrínseco a la obra.

Basándonos en el axioma médico, totalmente válido en nuestro campo, primum non nocere, y en las pruebas y análisis realizados, pasaremos a los procesos de restauración propiamente dichos. Todos estos procesos generales, obviamente, no han sido aplicados a la totalidad de los carteles, ni de la misma forma. El análisis pormenorizado de los tratamientos pieza a pieza quedan para el «Informe técnico de restauración».

Cartel sumergido en una bandeja

Procesos en medio acuoso: lavado y desacidificación.

Siempre que ha sido posible, el primer paso ha sido el lavado, para que a la vez que se elimina la suciedad del papel se eliminen, y eso es lo más importante, la mayoría de los ácidos solubles, rehidratando asimismo en los casos que sea necesario los deteriorados puentes de hidrógeno que unen entre sí las fibras del papel.

Un tema de más difícil solución es el de la naturaleza intrínsecamente ácida de estos papeles. Para paliar este problema sólo podemos dotar el documento de una reserva alcalina capaz de neutralizar lo más posible esta tendencia ácida. Unas veces lo haremos por baño, otras por impregnación, a la vez que consolidamos, o tendrá que hacerse en seco en los casos en que no quede otra opción.

Pasados varios días, cuando la carbonatación de los productos se haya efectuado, dejando su correspondiente reserva alcalina, realizaremos la medida de pH, observando que, en principio, los resultados hayan sido, como esperábamos, buenos y podremos contrarrestar en alguna medida el deterioro que produce esta innata acidez del papel de fabricación mecánica.

Trozos de cartel uniéndose con una brocha de pegamento

Unión de grietas y desgarros.

Terminados estos tratamientos químicos, pasaremos a la reconstrucción funcional del soporte, uniremos grietas y desgarros, reincorporaremos los fragmentos desprendidos y reconstruiremos, mediante injertos de papel similar en tono y grosor, las zonas perdidas.

Una vez recuperado el soporte, y dada la mala calidad de las fibras que lo forman, que se transmite en un papel de por sí muy frágil, contrarrestaremos esta fragilidad con una laminación hecha con papeles japón de fibra larga, estabilizados químicamente y dotados con reserva alcalina, para que a su vez ayuden a neutralizar la acidez del papel.

Cartel arrugado

Cartel que ha de ser nuevamente entelado.

Todos los adhesivos empleados son totalmente reversibles. Han sido utilizados en distintos grados de mezcla según se emplearan solo para consolidar, para laminar, para entelar, etc.

Otro criterio de conservación, adoptado entre restauradores y conservadores, ha sido conservar la homogeneidad de la colección; para ello se han entelado aquellos carteles que no lo estaban, guardando uniformidad con el resto de la colección, y solo se han desentelado y vuelto a entelar aquellas obras en las que era estrictamente necesario, por el gran deterioro, tanto físico como químico, que sufrían ambos soportes.

Cartel en proceso de entelado

Entelado.

Para los nuevos entelados, los estudios realizados en el taller nos han llevado a la conclusión de que la mezcla de fibras naturales y sintéticas es la que ofrece mejores resultados de adherencia, flexibilidad, estabilidad y resistencia, lo que permitirá la exposición de estos viejos carteles sin graves riesgos y su posterior almacenamiento en los reducidos espacios de los depósitos.

La reintegración cromática de los pigmentos pone punto final a los procesos de restauración. Siempre con métodos reversibles, se reintegran las lagunas cromáticas aproximando forma y color de manera que el espectador pueda contemplar el cartel en toda su plenitud, sin el obstáculo visual de roturas, desgarros y faltas. No siempre es posible la reintegración cromática, bien por no disponer de la documentación adecuada, bien porque las grandes faltas desvirtuarían el valor documental de la obra. Siempre que se ha podido, aunque no se haya reintegrado, se han tratado de crear volúmenes para la mejor observación del cartel.

Cartel horizontal sin el cuarto superior izquierdo

Criterios de reintegración.

Hacer compatible la pervivencia de obras de formato tan grande, con los traslados, las exposiciones y los largos períodos de permanencia en los angostos depósitos, ha constituido el último reto del largo proceso de restauración. Tras muchas pruebas, la elección de unos tubos realizados en cartón libre de ácido, de un diámetro y peso determinados, sobre los que enrollar los carteles, protegidos y aislados por un papel tisú laminado previamente con polietileno, parece ofrecer las necesarias garantías de conservación de estas obras populares, que, gracias a la previsora gestión de la Biblioteca Nacional, forman hoy parte de nuestro más seductor patrimonio cultural.

Manuel Merino Baños
Director del proyecto de restauración

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