Aclamado retratista, Anton Van Dyck nació en la ciudad flamenca de Amberes. Fue discípulo y colaborador del gran Peter Paul Rubens, al que además le unió una estrecha amistad; este especial vínculo se percibe en la huella que la obra de Rubens imprimió sobre sus trabajos, evidente en lo que se refiere a la composición de las escenas y la viveza de los coloridos. De todos modos, Van Dyck muestra una tendencia —principalmente en la factura de los retratos— quizá más intimista, más sobria y naturalista que la de su maestro y tal vez asumida en la contemplación de las pinturas de su admirado Tiziano durante su viaje de formación a Italia, entre 1621 y 1627. A la vuelta de este viaje, y tras un breve periodo en su ciudad natal, Van Dyck se instaló en Inglaterra, en la corte del rey Carlos I, y allí permaneció hasta su temprana muerte.