En el Museo del Prado se conservan muchas de las mejores obras de Bartolomé Esteban Murillo, nacido en Sevilla en 1617. No consta que este magnífico autor viajara al extranjero como otros pintores solían hacer para perfeccionar su aprendizaje, que había comenzado en el taller de Juan Castillo, junto con Alonso Cano.
Sin embargo, gracias a su paisano Diego Velázquez, Murillo sí tuvo acceso a las colecciones reales de pintura en la Corte de Madrid y así conoció las creaciones de los grandes maestros, de cuyos estilos tomó diversos elementos para forjar el suyo propio. En Sevilla completó su prolífica carrera (ver en Espacio Cervantes) y aunque recibió la invitación del rey Carlos II para establecerse en la capital, ya en su madurez, no llegó a aceptar. Murió en Cádiz en 1682, inmerso en su actividad creadora.