Durante el siglo xvii, el Secento, muchos pintores de la talla de un Luca Giordano, un Annielo Falcone, un Carlo Maratta o un Guido Reni —Italia, siempre vivero fértil de artistas— condujeron al Barroco hacia un exquisito virtuosismo. Su característico estilo, poderoso y a la vez rebosante de sensualidad, fue referente aún para otras escuelas europeas durante mucho tiempo.