El siglo xvi, el Cinquecento, vio cómo se incrementaba notablemente la influencia del arte italiano en el europeo, de tal modo que una infinidad de artistas de todo el continente acudían a Italia para conocer de primera mano las innovaciones de los maestros de sus diferentes escuelas: la florentina, la veneciana, la napolitana...
Pero no solo se dirigían a Italia los artistas europeos, sino que también desde las cortes reales, desde las casas nobiliarias o las residencias de las nacientes burguesías de todos los países se demandaban con avidez las obras de los creadores italianos. Rafael, Tintoretto, Caravaggio, Tiziano, Guido Reni, El Bronzino, Veronés y tantos otros demuestran con su calidad el porqué de esa influencia continua, de su nutrida presencia en los muros del Museo del Prado.