Por ese mismo plazo de mi adolescencia y gracias a un maestro alemán de apellido Jünemann que me enseñó a leer por dentro el Mundo y contribuyó como nadie a mi formación, yo estaba en tratos con los clásicos de la antigüedad greco-romana y por supuesto, con los españoles de la edad de oro; y simultáneamente con Rimbaud, Mallarmé, Lautréamont, Laforgue, Apollinaire; de suerte que si por la oreja derecha me entraba lo áureo de la clasicidad, por la oreja izquierda lo hacía la modernidad, produciéndose así en la punta de mi cabeza de muchacho otra música y otro vértigo, otro cruce de zumbido y de sentido, otra ventolera, otra síntesis. (…)
Naiden reempuje a naiden, cada uno es distinto pero todos vivimos imantados y no hay ningún origen original. La poesía debe ser hecha por todos y no por uno, decía Lautréamont.
Más corto aún: todo es parte; nos nacemos los unos de los otros en incesante nacimiento. (…)
También me engendró Vallejo o ¿por qué no? Quevedo más remoto, ese Quevedo que discurre siempre lozano en todos los poetas de estas patrias despedazadas desde Darío a hoy. (…)
Vallejo, por ejemplo, me dio el despojo y desde ahí el descubrimiento del tono; Huidobro, acaso el desenfado; Neruda cierto ritmo respiratorio que él a su vez aprendió de Whitman y en Baudelaire, pero yo gané el mío desde la asfixia. ¿Y Borges? El rigor, «l' ostinato rigore» que dijo Leonardo. Y el desvelo. Un desvelo lúcido al que se llega sin prisa, por incesante crecimiento. Es que todo es nuevo. Para el oficio de poetizar desde el asombro, todo es nuevo. (…)
Tal vez hablé mucho de Huidobro quien se me da tan próximo a Octavio en el aire de lo hiperlúcido. En efecto no he conocido a otro que sembrara más libertad en mi cabeza de muchacho. (…)
Por eso me gustaba la Mistral en sus claves mayores de Tala y de Lagar que, habiendo vivido en el plazo de las vanguardias, no se encandiló con las vanguardias sino más bien se quedó oyendo sin prisa la lengua oral de sus paisanos de América con arcaísmos y murmullos como Teresa de Ávila, y así nos dijo el mundo entre adivina y desdeñosa.