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El Quijote de Matta en diálogo con Gonzalo Rojas > Sábete Sancho (2 de 4)
El Quijote de Matta y Rojas
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Gonzalo Rojas. Sábete Sancho

Figura dibujada por Matta

Sábete Sancho que la imaginación no es un perfume de mujer
como dijo Al Pacino en esa película, es más
que esa película, se parece
a una mariposa grande de antes del Mundo, tiene
cómo decírtelo belleza y
tristeza como cuando llueve encima
del mar
y el zumbido es un hilo hilísimo de silencio.

Nada entonces de perfume de mujer, el único perfume
primordial es el clítoris sagrado que parpadea y
gotea fémino y másculo, nupcial
y cerebral y por lo visto húmedo y espérmato, trémulo
hasta el frenesí, animal
contra animal oloroso, ¿Y tú,
Sancho, cómo te fue con el placer?

Sábete Sancho que estoy triste, ¿de qué se acuesta el hombre
para morir?, ¿de qué latido
pernicioso, con la sien entrando hacia dónde
de la almohada y la oreja, oreja
ya de quién, nadando cuál
de los torrentes sombríos: el pantano
o el vacío sin madre, de cuál de las espinas de la especie?
                                                                                          Me
repito, me, ¿y los Urales, Sancho?, saquen,
al muerto de una vez.

Toda mujer es tajo
suave pero tajo, fascinación
pero tajo, unas hebras finísimas
de alto abajo pero tajo, un olor
a madera recién cortada para la preñez pero
por qué no decirlo tajo torrencial de donde mana
todo Hado, con dos cítaras
de veinte cuerdas cada mes: la del llanto
y la del encanto, con párrafos de histeria y
risa desencadenada hasta donde alcanza
a llover, de donde se deduce que su armazón
es necesariamente húmeda.

De repente me puse a hablar en siete mil
idiomas: —Paren
les dije a las estrellas, así no,
así no voy a hablar nunca, estos excesos
son atroces, volvamos
a las sílabas, las verdaderas madres son las sílabas, las
persas especialmente a escala de frescor, todo lo cual
sábete Sancho quiere decir que
hubo una vez un pie
en el aire, libre, libertino, como en la Roma imperial,
pie desnudo con tobillo y todo que volaba y
pensaba, bellísimo ese pie, las arterias
pintadas por Duchamp lo descifraban todo, había
que leer ese pie directamente en su destello airoso allá por las cumbres
como quien va a una fiesta
y ya no hay baile que bailar. Porque, sábete Sancho, un pie
es un pie y no un despilfarro.
Coleóptero no es.

No entonces me despilfarren la ritmicidad con jazz y todo
de la música ni de la poesía, a las dos
las adoro, yo que siempre trabajo y me desvelo, ¿habrá uno
único o tres?, ya vendrán, pero
en cuanto a los viejos vanguarderos, dónde, cuándo, chacales
gruñendo al fondo de un manantial
seco, sábete Sancho. Todo fulgor perecerá, salvo
Osip Mandelstam y
claro Apollinaire. Oh jazz, único jazz, cosmonauta
de los dioses.

Me quedo con las hermosas
que hacen versos, con
las otras no, tienen que ser hermosas, llámense Safo,
Teresa de Ávila, Lou Andreas Salomé, Leonora
Carrington, Emily Brontë, más la otra Emily
Dickinson, más la Ajmátova, de repente Gabriela, Gala que vio a Dios.
¡Me quedo con mi vaticinia de Chihuahua!

Me pierdo, todo anda bien en el universo, hay cosas
que pertenecen y otras que no
pertenecen, una carreta
cargada de heno hasta el tope New York arriba
pertenece, un Ferrari a 200 por hora no, ése no,
no se le ven los bueyes, esa
es mi discusión con el Al Pacino: él cree que basta con
un carro veloz y una algo así como piernas largas
tetas rítmicas si queréis.

¿Y los duques de la fanfarria? Por pudor no hablo
de esos archiduques menesterosos
del petróleo, del fierro, del negocio
bursátil que de repente les estalla
en la única mano que les queda. Dante
los metió en el Infierno con todos esos euros
que antes de euros fueron denarios
del imperio imperial. Allá ellos
con ese poco imperio que les va quedando, Irak,
¿qué fue de Irak?

Desensillar hasta que aclare, sábete
Sancho que estoy ciego, de los dos
me dijo el ofta uno, ese derecho no da para más, Don
por último usted lo vio todo con el izquierdo, Don,
y otra cosa, mi señor, duerma, duerma sin parar,
en el sueño se ve con los dos, ¡ése si que es ofta, Sancho,
y adivino!

Uno termina siendo aluminio como el avión, orejas,
nariz de aluminio, seso
de aluminio, burro si tú me excusas
de aluminio y vuela,
¿por qué no va a volar
como ese Dios colgado de un palo?. Pues el Jesús
que tanto amamos fue un hombre
colgado de un palo,
le decían crestón y
maricón pero fue todo un hombre
colgado de un palo.
                                 —«Padre,
¿por qué me has abandonado?»

Gonzalo Rojas
Viernes Santo 21-III-2008

Firma de Rojas

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