
En la más fantástica de las interpretaciones —surrealista y no exenta de humor— Matta recreó a mediados de los 70 las aventuras del Quijote a partir de dos conceptos esenciales: amor y batallas, ideas centrales de la obra cervantina.
El Quijote, que se debatía entre la ilusión y la realidad defendiendo su código moral, representa lo universal. Para Matta representaría también su aproximación a una de sus raíces arcanas, la hispánica. Del mismo modo que también realizara la interpretación gráfica del poema de la fundación de Chile La Araucana, del español Alonso de Ercilla, con la que recurre a su otra raíz arcana, América.
Fascinado por el precursor manejo por Cervantes de la irracionalidad y la alucinación y aplicando su técnica de pintar a partir de puntos y manchas —como aprendiera de Leonardo— desarrolló un proceso creativo que él mismo llamó «mis alucinaciones sobre el Quijote» a partir de las cuales realizó sus ilustraciones «desde el punto de vista del propio Quijote»: 90 dibujos con lápices de colores sobre papel de cuadernos escolares, junto a un guión inspirado en sus lecturas. Asimismo pinta óleos y grandes pasteles con enormes caballos que retozan gozosos en el suelo en divertidos episodios de lucha del Hidalgo —y que no puedo menos que interpretar como una cita, un guiño en color, de aquel otro gran caballo retorcido de dolor y de espanto que vio salir de los pinceles de Picasso cuando creaba su Guernica allá en París, imágenes que Matta guardó ya para siempre.
Esta exposición exhibe únicamente una parte de la obra de Matta inspirada en el Quijote, los 35 grabados de las series «Don Qui», 1985 y «Qui D´eux», 1990.
«Yo me identifico con las alucinaciones del Quijote, y mis ilustraciones son hechas desde su punto de vista. Comienzo viendo alucinaciones de situaciones con las palabras primero. La literatura provoca imágenes visuales, es una alucinación también» Entrevista Barbara Rose, 1982. Traducción de Inés Ortega.