José Hernández se ha dedicado al grabado en su forma más pura y sus trabajos entroncan en la gran tradición europea. El aguafuerte, técnica preferida por los grandes grabadores —Durero, Rembrandt, Goya— por la versatilidad de expresión que permite, es una técnica muy exigente que requiere suma habilidad y paciencia. Los resultados, el negro y blanco de la tinta sobre el papel, son de una elegancia austera. Se cubre una plancha de metal (cobre, zinc, etc.) de una fina capa de barniz protector y el trazado se ejecuta rayando esta capa de barniz con una punta de acero, lo que permitirá que el mordiente (ácido) penetre en las zonas de la plancha que han quedado al descubierto. A continuación se entinta la plancha y se limpia. La tinta que queda en los surcos trazados se transfiere por presión al papel. También se obtienen efectos tonales de gran riqueza empleando, entre otros, el procedimiento de aguatinta. Este procedimiento consiste en espolvorear y fijar sobre la plancha con una capa de resina en polvo en lugar de la capa uniforme de barniz. El resultado es un mordido irregular de la plancha, como vemos por ejemplo en Pórtico II y en Bodegón homenaje. Estos aguafuertes harán las delicias de los observadores minuciosos, ya que el maravilloso cuidado del detalle requiere una especial atención. Dimana también de ellos una sensación de equilibrio compositivo de una notable plasticidad que compensa la riqueza barroca del detalle con con el empleo del espacio, el vacío y el recurso sutil a la línea continua: la serie de cinco aguafuertes Giacomo Joyce es un bello ejemplo.
Rosemarie Mulcahy
University College Dublin