Gastronomía del «Quijote» > Introducción
Las diferencias sociales no constituyen el único rasgo que marca la fisonomía de la cocina peninsular. Frente a la de otras zonas de Europa, la nuestra se caracteriza también por la fuerte influencia de la gastronomía árabe. Productos alimenticios y formas de condimentación, el uso de especias y aromas, dulces, etc., tienen muchas veces su origen en la cocina que los árabes trajeron a la Península, marcando definitivamente nuestra gastronomía.
No es nuestra intención realizar un estudio sociológico de la época con esta perspectiva, sólo esbozar un marco general que nos permita centrar la exposición de estos apuntes gastronómicos. No todos comían igual, no todos comían lo mismo: es éste un rasgo que se percibe ya con claridad en las fuentes documentales.
Al narrar las aventuras del célebre caballero, Cervantes introduce una y otra vez referencias a la comida y los comensales. Algunas son bien conocidas, otras pueden pasar desapercibidas a un lector poco atento; pero todas configuran un verdadero recetario. Entre las más célebres se encuentra el gran banquete de las bodas de Camacho (Quijote, II, 20), donde se prepara un novillo relleno de, entre otras cosas, doce tiernos lechoncillos; no menos llamativa es la serie de ollas donde hervían palominos, liebres y carneros enteros. Sancho permanece atónito ante la cantidad de aves, gallinas, quesos, frutas en sartén etc., que se preparaban para el banquete. O en aquella aventura del Caballero del Bosque, en la que Sancho degusta una empanada de conejo albar. En toda la bibliografía cervantina hay abundantes referencias culinarias. Así sucede, por ejemplo, en El rufián dichoso, en la abundante merienda del Alamillo, donde se citan un gran número de platos.
En todas estas escenas destaca la abundancia y variedad de manjares. Tanto más llamativa cuanto que contrasta con el hambre que habitualmente sufre Sancho, hambre que era rasgo de la sociedad humilde en el Siglo de Oro, sobre la que con brutal sarcasmo se expresa Quevedo en su Buscón.
He aquí el menú de un hidalgo, el propio Alonso Quijano:
Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda (Quijote, I, 1).
Peor suerte corría su fiel escudero Sancho Panza:
Comió Sancho sin hacerse de rogar, y tragaba a escuras bocados de nudos de suelta4, y dijo:
Vuestra merced sí que es escudero fiel y legal, moliente y corriente, magnífico y grande, como lo muestra este banquete, que si no ha venido aquí por arte de encantamento, parécelo a lo menos, y no como yo, mezquino y malaventurado, que solo traigo en mis alforjas un poco de queso tan duro, que pueden descalabrar con ello a un gigante; a quien hacen compañía cuatro docenas de algarrobas y otras tantas de avellanas y nueces (Quijote, II, 13)