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Bartolomé Ros: a través de un objetivo

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Hospital Real de la plaza de los Reyes. CeutaLa fotografía ha sido para mí, como historiador, un documento gráfico de indudable valor histórico, ya que en mi labor de investigación ha constituido una prueba irrefutable de un acontecimiento del que no había constancia en ningún documento escrito, o que habiéndola no aparecía lo suficientemente aclarado en el documento como lo mostraba palpablemente la fotografía.

En otras palabras; la fotografía ha sido para mí un elemento auxiliar de gran valía en mi labor investigadora, ya que gracias a ella
he podido fijar con precisión la fecha de un hecho histórico, calcular la edad aproximada de un personaje, conocer la magnitud de una manifestación, los nombres
de los asistentes a un acto determinado, el lugar donde estuvo ubicado un edificio, ya desaparecido, las transformaciones que ha sufrido tal o cual monumento o lugar histórico, etcétera.

Este uso exclusivo que yo hacía de la fotografía, considerándola simplemente como un documento histórico, ha sido la causa de que no apreciara, durante muchos años, el otro valor, el artístico, que tienen algunas fotografías.

En efecto, hace dos años solamente por primera vez descubrí que algunas fotografías tienen un gran valor artístico, además del histórico. Fue cuando la profesora Rosa Ros Amador —a quien tuve el honor de conocer en casa de mi entrañable amigo el profesor Ricardo J. Barceló, en Madrid— tuvo la gentileza de dedicarme un ejemplar de su libro Memorias de ausencia, lujosamente editado por el ministerio de Cultura, en el año 1993. Este precioso libro, que contiene un muestrario de 96 fotografías tomadas en Ceuta y Tetuán, en la segunda década de este siglo, pregona a los cuatro vientos que su contenido no es obra de un simple fotógrafo, sino de un verdadero artista, que fue capaz de elevar la fotografía al rango de una obra de arte. Se trata del gran artista que fue don Bartolomé Ros y Ros. Suyas son también las 35 fotografías contenidas en esta muestra, de las cuales 14 figuraban ya en la primera colección.


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A excepción de cuatro de las fotografías que son del propio artista y de su familia y otras cuatro que se refieren a Ceuta; las demás corresponden a lugares, zocos, zagüías, rincones y tipos de las ciudades de Tetuán, Chauen, Tánger y Alcazarquivir. Una es el retrato del que fuera Gran Visir del Gobierno Jalifiano durante los primeros veinte años del Protectorado español en Marruecos, y otra es la fachada de la estación del ferrocarril Tetuán-Ceuta, que ha sido últimamente restaurada y es de los poquísimos edificios de la época del Protectorado español.

Del valor artístico de la obra fotográfica de don Bartolomé Ros y Ros, es testimonio el hecho de que por Tetuán, entonces capital del Protectorado español en Marruecos, hubo muchos fotógrafos cuyos gabinetes alcanzaron cierto renombre; pero ninguno de ellos llegó a ser tan popular como el gabinete que tuvo Ros en la avenida del Generalísimo —hoy de Mohamed V— y el laboratorio fotográfico que fundara en el Paseo de las Palmeras. Ambas fundaciones se conocían por el nombre de «Casa Ros», que ha sido y continúa siendo hoy día una verdadera institución, cuya contribución a la historia gráfica del norte de Marruecos, durante el Protectorado (1913-1956), sólo podrá ser conocida debidamente el día en que sea explotado convenientemente el fondo que encierra el Archivo Fotográfico de la Biblioteca General de Tetuán.

Sólo entonces podrán las generaciones venideras apreciar en su justo doble valor, histórico y artístico, la ingente obra del artista-fotógrafo que fue don Bartolomé Ros y Ros, testigo gráfico de importantes acontecimientos históricos de la época del Protectorado.

Hasta entonces agradecemos a la hija del artista, doña Rosa Ros Amador, su interés y su devoción por dar a conocer, inmortalizándola, la producción fotográfica de su padre, prestando con ello un gran servicio a la historia gráfica común de los pueblos español y marroquí, al mismo tiempo que demuestra ser digna hija de su progenitor, que fue sin duda alguna uno de los grandes fotógrafos, y artistas, de su tiempo.

Descanse en paz don Bartolomé Ros y Ros.

Mohammad Ibn Azzuz Hakim

 
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