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Miguel Albero Suárez
Director del Instituto Cervantes en
Roma
La idea de Roma 2000: una mirada
española no es sin duda una idea original. Tampoco es originalidad lo que se buscaba
sino intentar casar tres circunstancias propicias: la concentración en el 2000 de un gran
número de miradas de todo el mundo en Roma por la celebración del Jubileo; la
consolidación de los premios nacionales de Fotografía que otorga el Ministerio de
Educación y Cultura; y la existencia y disponibilidad en esta ciudad de una institución
como la Academia de España. Lo primero nos proporcionaba la atención, lo segundo el
material humano, y lo tercero lo que un cronista del corazón llamaría marco
incomparable para la estancia de los fotógrafos.
Con estas premisas, decidimos que el resto debía
dejarse a la libertad de los premiados. El pacto era el siguiente: una semana en Roma (en
la Academia) y un espacio de la Sala del Instituto Cervantes de Piazza Navona para exponer
lo realizado. Libertad de formato, libertad de tema, libertad de número. El resultado
está a la vista en estas páginas. A la propuesta acudieron generosos todos nuestros
Premios Nacionales. Quien no pudo venir fue por la llamada incompatibilidad de calendario.
Los que sí están son cuatro, que no una, miradas españolas de Roma: Javier Vallhonrat,
Humberto Rivas, Alberto García-Alix y Cristina García Rodero. Son cuatro miradas bien
distintas, cuatro formas de ver, de mirar y de ejecutar. El único denominador común, la
calidad, contrastada con los años y consagrada oficialmente con los Premios Nacionales de
Fotografía.
Al entusiasmo de los fotógrafos, se
vino a sumar el del Ministerio de Educación y Cultura a través de la Subdirección
General de Promoción de las Bellas Artes y el de la Dirección de Cultura del Instituto
Cervantes. Sin su contribución (y no es metáfora) esta exposición no se habría llevado
a cabo. La participación del Ministerio ha permitido también que la exposición, como
algún palo flamenco, sea de ida y vuelta, ya que además de la Sala del Instituto
Cervantes de Piazza Navona, podrá verse en Madrid, en la sala Millares del MEAC. La
Academia de España no sólo fue ese marco incomparable sino que colaboró de forma activa
a través del que ha sido su primer becario de fotografía, Sergio Belinchón. Sergio fue
el cicerone de los fotógrafos y nos ha dejado cuatro muestras del gran fotógrafo que es,
con los retratos de los cuatro Premios Nacionales. Con estos mimbres nos hemos cambiado
por unos meses de disfraz. Hemos pasado de ser gestores de exposiciones ajenas a producir
una propia. Lo que nos ha llevado a valorar más, tanto a quienes a ello se dedican, como
al personal del Instituto.
La mirada de un fotógrafo es tal
vez la que más nos sorprende; porque parte de una realidad que creemos conocer, para
enseñarnos otra que ignoramos. La de estos cuatro artistas españoles nos sorprende más
si cabe. Cada una de estas Romas es su Roma, aunque sea también algo nuestra. Ahí va.
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