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La presentación de novedades teóricas fue muy elocuente en la primera etapa de PhotoVisión. Artículos, ensayos, glosas y reflexiones ahondaron en ese propósito cumpliendo de pasada con una labor divulgativa que, sin lugar a dudas, favoreció los debates en el seno del gremio. No obstante, hay otro género, el de la entrevista, que puede servir a los mismos fines, y que en el caso que nos ocupa brindó un excelente resultado. Tomaremos dos ejemplos para demostrar lo anterior: el diálogo mantenido con Manuel Serra, transcrito por Joan Fontcuberta en el número 8 (julio-septiembre de 1983), y la entrevista con Jaume y Jordi Blassi, transcrita por este último junto al citado Fontcuberta en el número 11 (marzo-junio de 1984). En su intervención, Serra defendía el modo en que sus creaciones dejan implícito el afán de desmaterializar la realidad, o por mejor decir, el deseo de desmarcarse de la representación realista. Consciente de la naturaleza técnica de la cámara —esto es, un artilugio que actúa de acuerdo con unos engranajes precisos—, el fotógrafo defendía el vuelo de la intuición. «Al manipular estos mecanismos de determinada forma —decía—, obtenemos paralelamente imágenes de determinada naturaleza. La cámara para mí es simplemente un instrumento generador de imágenes que no tienen por qué tener a priori una cualidad especial». En el caso de los hermanos Blassi, la charla tomó una interesantísima deriva biográfica. «Lo que a mi hermano Jaume le ocurrió —decía Jordi— me recuerda el inicio como fotógrafo de Irving Penn». A continuación, nuestro artífice se situaba en el año 1964. Por aquellas fechas, Salvador Bru ejercía como director artístico de la revista Punto y Moda. Jaume pasaba por un periodo de aprendizaje, y Bru advirtió que el joven aspirante se afanaba en revelar meticulosamente las placas, que por entonces eran de vidrio. Su empeño en «sacar copias casi perfectas» era solo la primera de sus muchas ambiciones técnicas. Por esto, «sus ideas en cuanto a iluminación, composición y escenografía hicieron que Bru confiara en él y que sin darse cuenta se convirtiera en el fotógrafo de aquella revista». En 1967 los Blassi se trasladaron a Cuenca, donde conocieron al artista Fernando Zóbel, director del Museo de Arte Abstracto. «Fue él realmente quien nos enseñó a ver —aclara Jaume—. Por otro lado, Jordi trabajaba entonces en Filograf, bajo la dirección de un personaje de la talla de Ricard Giralt-Miracle. Allí adquirió los recursos del oficio y afinó una sensibilidad por la gráfica». De más está decir que el conjunto testimonial del que hemos extraído estas líneas aún es de provecho para los historiadores. Pisando terreno firme, sin distorsiones interpretativas, el acopio de datos se convierte aquí en un sencillo proceso de paráfrasis. |
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