Artes > El arte de la fotografía > El papel de la fotografía > Nueva Lente > Vale todo
Pese a la heterogeneidad de los contenidos y de las propuestas conceptuales de Nueva Lente, sus pliegos recibieron un beneficio evidente del diseño gráfico. Probablemente esa disposición de la maqueta fuera decisiva a la hora de identificar la estética de la revista. Así lo recuerda Pablo Pérez Mínguez, quien describe qué tipo de críticas les acarreaba este planteamiento. Más de un miembro de la Real Sociedad Fotográfica debió de arquear las cejas al ver esa página de la revista donde una minúscula fotografía se convertía en el único contenido. Sin comprender esa propuesta de diseño, hubo quien llegó a decir: «Claro, dejan ese espacio en blanco porque no tienen qué poner debajo de la imagen». Pérez Mínguez recuerda otros reproches, al estilo del siguiente: «Si te gusta tanto la fotografía americana, ¿por qué no te vas a América?». Incluso se oyó decir que, en realidad, los responsables de Nueva Lente «eran unos pintores, unos artistas que querían cargarse la fotografía». Estos recuerdos de Pérez Mínguez nos permiten comprender en qué medida fue revolucionaria una sección de la revista: la que agrupamos bajo la consigna Vale todo, cuya filosofía inspiró un neologismo estético, el valetodismo. Este apartado es, por tanto, el indicio de un sano inconformismo que se propagó a comienzos de los setenta como un reguero de pólvora. Es imposible reducir a un determinado ingrediente las aportaciones aquí reunidas. No obstante, podemos valorar la zozobra que suscitó el Vale todo en los medios fotográficos más conservadores por medio de una serie de ejemplos. Comenzaremos por las imágenes de Regis Henri Dutey, sobre quien Pérez Mínguez dijo que «no trabaja solamente con elementos tradicionalmente fotográficos, sino incluso incorporando nuevos elementos expresivos que amplían el espacio fotográfico tanto en cantidad como en profundidad» (n.º 5, febrero de 1972). Se añade a la oferta valetodista Miguel Cunyat, autor de una original partitura interpretable con una máquina de escribir (n.º 32, octubre de 1974). El encantamiento también atañe a Paz Muro, enamorada del espectro de William Shakespeare. Con razón decía Carlos Serrano que, si bien es casi seguro que el escritor y la artista nunca se conocieron, no hay duda de que su reunión en Nueva Lente dista mucho de la casualidad. «Las personas que alcanzan a dar del mundo una interpretación absolutamente personal —añadía— acaban siempre por encontrarse en el tiempo, en el campo o en un papel» (n.º 13, marzo de 1973). Pese a que muchos participantes en Vale todo se hayan eclipsado, Pérez Mínguez defiende hoy la vigencia de su labor dentro de este dominio rebelde. Fotografías como las que componen la serie Mi vida misma («Estoy haciendo un reportaje de mí mismo, así que hagan el favor de estarse quietos; esto no va con ustedes») demuestran una ironía que no conoce modas (n.º 34, diciembre de 1974). La broma sigue de la mano de Carlos Pérez Siquier, quien llegó a publicar su certificado de antecedentes penales (n.º 35, enero de 1975). La tercera etapa de la revista queda indicada con un cambio en el rótulo: la cabecera pasó a llamarse Nueva «Nueva Lente» y los más atrevidos quisieron reforzar la originalidad de su oferta. Baste con señalar la disposición que demostraron al respecto Paz Muro, Miluca, Luis Gómez Escolar, Carlos Serrano y Luis Garrido, entre otros (n.º 84, abril de 1979). En cierto modo, estos jóvenes airados hicieron suya la vehemencia que invade el siguiente párrafo de Pablo Pérez Mínguez: «¡Uf, qué calor! ¡Qué calor hace en España! Las ideas se derriten. Las imágenes, una tras otra, se sucederán como una fotonovela artística. En este cóctel de imágenes, la sorpresa va por dentro. Todo es nuevo si los ojos cambian. ¿Entiendes lo que quiero decirte?» (n.º 86, junio de 1989). |
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