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Reportajes
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¿Qué significa el reportaje para un fotógrafo creativo? Responde a la pregunta Javier Campano, a cuyo juicio este género consiste, lisa y llanamente, en «contar historias con las imágenes». Puesto a la tarea, Campano añade otros factores que, a manera casi telegráfica, matizan la actividad del reportero: «El viaje: la fascinación de lo que vemos por primera vez. Volver a los lugares que ya conocemos. La actitud del fotógrafo: el paseante frente al turista» (Miradas y visiones, catálogo de la exposición organizada por la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Consejería de Educación y Cultura de la Comunidad de Madrid, 1994). Un dato que hay que tener en cuenta: los comienzos de Campano en el gremio fotográfico están ligados a Nueva Lente, pues ahí es donde difunde sus primeras obras. De hecho, llegó a participar en exposiciones junto a otros fotógrafos de la llamada Quinta Generación, de la cual hablamos en otro apartado de esta muestra.

Curiosamente, el género del reportaje tuvo una acogida irregular y más bien poco amigable entre los seguidores y colaboradores de Nueva Lente. Así lo puso de manifiesto Rafael Sanz Lobato, quien habla de los autores que se sintieron parte de una generación perdida «porque a partir de Nueva Lente muere el reportaje, el reportaje ya no vale: hay que hacer foto pop y hay que hacer fotos raras, y desenfoque, y señores en calzoncillos, y sagrados corazones de Jesús encima de unas vísceras». Ironías aparte, lo cierto es que Sanz recuerda que los fotógrafos amantes del reportaje se sintieron coartados por una publicación cuyo impacto en las corrientes estéticas era manifiesto. «El reportaje —insiste— [ya] no era válido, lo cual es absolutamente falso. Y, desgraciadamente, todo este grupo de fotógrafos ya no hace reportaje porque no se lleva, porque no está de moda».

Desde luego, nada más lejano de un reportaje al uso que las series fotográficas que comentamos a renglón seguido. Por ejemplo, «Entre la mueca y el signo», de Rafael Pérez Mínguez, introducía un elemento provocador con la disculpa del arte conceptual (n.º 6, marzo de 1972). Dejándose llevar por la filosofía del arte, Raúl Chávarri reflexionaba luego sobre hechos irrefutables. «En nuestro tiempo —decía— la fotografía ha realizado un servicio de colosal magnitud a la expansión del arte, facilitando, mediante el proceso de multiplicación de las imágenes, que la obra de arte rompa su aislamiento y se convierta en una de las grandes presencias de nuestra civilización» (n.º 7, abril de 1972). Una de las disciplinas artísticas beneficiadas por ese impulso difusor es el cine, y probablemente por ello Pablo Pérez Mínguez se preocupó de los llamados foto-fija o fotógrafos que retratan el rodaje de una película y consiguen esas imágenes que luego se emplean durante la promoción comercial del filme (n.º 13, marzo de 1973).

Las felicitaciones navideñas de Oriol Maspons y Ubiña, glosadas por su amiga, la cantautora Cecilia, se incluyeron en otro sorprendente reportaje (n.º 22, diciembre de 1973). Más ambiciosa era la «Rapidísima historia gráfica del rock» que diseñaron Ramón G. López Alonso y Luis de Castro, y que Pablo Pérez Mínguez se encargó de inaugurar: «Lo que a continuación van a ver y admirar —decía— pudiéramos presentarlo bajo la pedante pero ingeniosa denominación de ensayo fotográfico. La idea arranca al ir articulando frases e imágenes con la mayor dosis de imaginación posible y el mínimo sentido del ridículo» (n.º 37, marzo de 1975). Si las palabras anteriores prefiguran el espíritu de la movida, éste se encarna con mayor evidencia en la «Feria de vanidades» de Guerry e Illeras. Leamos cómo los identifica Jorge Rueda: «Guerreros de la letra de cambio y heroínas de fotonovela doméstica, que traspasan las tristezas de sus vidas cotidianas, sublimándolas en imágenes de sueños que no pudieron ser» (n.º 71, enero de 1978). La cita, claro está, implica una consigna de la que luego se apropiaron Almodóvar y otros participantes en aquel festejo madrileño de los años ochenta.

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