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Guíagráfica
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Cuando Carlos Serrano definió en qué consistía el apartado «Guíagráfica», los lectores pudieron comprender otra de las motivaciones de Nueva Lente: el deseo de fomentar una actitud crítica ante la imagen. Agrupadas bajo el citado rótulo, cabía encontrar obras cuya cualidad principal era, justamente, la de ser útiles para refinar nuestra mirada. Decía Serrano que su propósito era «demostrar que la fotografía, precisamente por su supuesta objetividad, es el más embustero de los medios». Dado que el fotógrafo se enfrenta antes a la imagen (el objeto) que a la fotografía (la forma de trabajo), conviene pedirle explicaciones «a toda técnica de expresión, a todo lenguaje». En definitiva, se trata de «una toma del poder en el dominio del lenguaje. Se trata, ante todo, de pensar y hacer con absoluta libertad» (n.º 9, noviembre de 1972).

Con todo, no debemos filtrar en exceso el fondo intelectual de estas afirmaciones. Ya dice Publio López Mondéjar que a lo largo de su primera etapa (1971-1975), Nueva Lente mantuvo «una actitud puerilmente provocadora, que decretaba el agotamiento de la realidad como materia fotográfica». Así lo dan a entender los trabajos de Pablo Pérez Mínguez, ejemplo y máximo representante de eso que Joan Fontcuberta definió como «la revolución divertida». Sólido en su análisis, insiste López Mondéjar en que aquella primera etapa fue básicamente experimental. Es más: a la vera de Christian Vogt, Duane Michals, Paul de Noiijer y Bernard Plossu, Nueva Lente «produjo imágenes pretenciosas, autocomplacientes, ingenuamente oníricas y técnicamente simples e inmaduras».

Es imposible evitar esa misma sensación a la hora de sondear algunos de los contenidos de «Guíagráfica». No obstante, aún resulta atrayente seguir el recorrido por la calle Barquillo que proponen Luis Gómez Escolar y Pablo Pérez Mínguez. Lo mismo cabe decir acerca de las imágenes que en esta sección se incluyen del alemán Gerhard Richter (Dresde, 1932), pintor, ilustrador de libros y fotógrafo, homenajeado en la Bienal de Venecia, Stedelijk Van Abbemuseum, de Eindhoven, y en el Pompidou parisino (n.º 8, octubre de 1972).

Pérez Mínguez dejó su sello en otras entregas de «Guíagráfica». Por ejemplo, realizó un divertido trabajo con fotogramas tomados de películas de Greta Garbo y con distintas imágenes televisivas del periodista José María Íñigo. «Hoy miércoles —escribía— tenemos suerte. José María Íñigo está contento. Nunca sabremos exactamente por qué» (n.º 10, diciembre de 1972). Atento al paisaje, Carlos Serrano añadía esta broma: «Alguien, al fin, se ha burlado de su cámara y del maniático rectangulito encuadrador: le ha hecho perder la puntería». Se refería a unas imágenes tomadas del Atlas Internacional de Nubes, obra de la Organización Meteorológica Mundial (n.º 11, enero de 1973). También recurrió al montaje de fotogramas televisivos Juan José Gómez Molina (n.º 14, abril de 1973).

Un experimento (¿o un juego?) diseñado por Pérez Mínguez y por Pablo Pérez Escolar consistió en usar un fotógrafo robot, con un horario predeterminado y situado en un lugar exacto que se había marcado en el suelo. Los retratados tenían el tiempo justo para colocarse dentro de la marca si querían aparecer en la imagen (n.º 12, febrero de 1973). Sin duda, fue Javier Herrera quien recuperó la seriedad de la oferta al proponer una relectura icónica de la Gioconda analizando el modo en que había sido vista por los distintos movimientos artísticos (n.º 23, enero de 1974).

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