Centro Virtual CervantesCariátidesArtes

Artes > El arte de la fotografía > El papel de la fotografía > AFAL > Reportajes

Reportajes
Página siguiente

Quien frecuente las gastadas páginas de AFAL tendrá la impresión de asomarse a un tragaluz y vislumbrar a través de éste los claroscuros de la España de aquellos días. «Pese a su modestia editorial —escribe López Mondéjar—, AFAL consiguió alcanzar un carácter de portavoz del nuevo realismo documental de los años cincuenta y sesenta, que J. M. Casademont llegó a calificar como la segunda vanguardia fotográfica española». Sin duda, es pertinente aquí la cita de autoridad, pues Casademont es autor del ensayo La fotografía en el Estado español (1900-1978), que sirve de ilustre apéndice en la monografía de Peter Tausk Historia de la fotografía en el siglo XX. De la fotografía artística al periodismo gráfico (Barcelona: Gustavo Gili, 1978).

Pese a este fervor por la fotografía documental, los promotores de AFAL no pudieron defender con facilidad sus principios. Laura Terré recoge el sentimiento de Carlos Pérez Siquier, quien rememora «la angustiosa sensación de vacío, de falta de creatividad que había en los años de AFAL». Llegada la hora de preparar cada número bimensual, era necesario recurrir a los miembros del grupo, pues poco o nada podía publicarse de la escasa producción de los fotógrafos aficionados. Al decir de Terré, la fotografía de prensa era de muy bajo perfil en aquellos tiempos y la fotografía de publicidad brillaba por su ausencia. En su opinión, resulta muy clarificadora la comparación de aquella etapa «con los comienzos de los años setenta, en los que se plantearon la edición del segundo anuario. Entonces la fotografía en España marchaba, había fotógrafos españoles de calidad».

En este plano, amplía su silueta Gabriel Cualladó. «Con su inseparable Leica —escribe la profesora Marcos Molano—, fue recogiendo testimonios de su entorno más próximo con la frescura que transmiten sus protagonistas: niños, ancianos, mujeres, trabajadores del campo». El resultado: una soberbia y entrañable colección de retratos de la España desconocida, «unas imágenes que transmiten la austeridad del referente que recogen con una cuidada representación de las texturas y los matices tonales, lo que no deja de ser extraño para un autor poco adicto a la técnica». Como responsables de tales reportajes neorrealistas, Cualladó podría ser calificado como un descubridor de la autenticidad social, respetuoso con la memoria y con las emociones circunstanciales.

Los reportajes de AFAL eran —y querían ser— la confirmación de los principios manifestados en sus planchas por artistas como Cualladó. Al fin, acaso ninguna otra publicación española haya ahondado con tal efusión en fenómenos como el grafitismo (n.º 10, julio-agosto de 1957), la aridez lunar y poética de Almería (n.º 16, julio-agosto de 1958) y el retrato de la tauromaquia (n.º 26, septiembre-octubre de 1960), descrito por Francisco Alemán Sáiz mediante una frase rotunda: «Parar, templar y mandar; la fotografía participa también de estos tres verbos toreros». Con todo, si el lector lo permite, hemos de recomendarle con mayor viveza una ojeada al curioso álbum familiar de Emilio Carrión, ordenado con el fin de mostrar «lo que ocurre dentro de mi casa y lo que desde ella puedo atisbar del mundo exterior» (n.º 30, mayo-junio de 1961), pues en él se condensa mucho de cuanto llevamos señalado.


Página anteriorSubirPágina siguiente

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es