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Entrevista a Carlos Pérez Siquier
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Como redactor jefe de la revista AFAL, ¿qué recuerdo guarda de las circunstancias que propiciaron el lanzamiento del primer número?

El número 1 fue un liviano boletín para socios, al uso de los que editaban la Real Sociedad Fotográfica de Madrid, la Agrupación Fotográfica Valenciana o la de Cataluña. Su contenido era de carácter gremial, de ámbito provinciano y evidentemente superficial. Ese tono se mantuvo hasta el número 4, en el cual, a modo de manifiesto, decidimos plantear una toma de postura José María Artero y yo, quienes entonces éramos presidente y secretario de la Agrupación Fotográfica Almeriense. En adelante, el boletín empezó a ser considerado una revista abierta a unos postulados fotográficos innovadores, que luego fueron alcanzando ámbitos internacionales.

¿Podría definir la línea editorial de AFAL?

La revista AFAL consiguió erigirse como portavoz de una nueva generación de jóvenes fotógrafos, dispersos por toda la geografía nacional. Dichos fotógrafos reivindicaban la autenticidad de la imagen por encima de la calidad técnica y de los valores formales que por aquel entonces fomentaba el academicismo pictorialista. En definitiva: pretendíamos documentar la realidad cotidiana del tiempo que nos había tocado vivir con un claro humanismo social y con una preocupación por la imagen como instrumento de cultura y comunicación.

¿Con qué dificultades se topó AFAL en su trayectoria?

Bien, hubo dificultad en la búsqueda de colaboraciones interesantes, adecuadas al impulso de renovación que se pretendía. Tales obstáculos se vieron acentuados por el aislamiento físico y espiritual al que estaba sometida la provincia de Almería. Las complicaciones surgieron, además, en el plano técnico, en lo que se refiere a la edición —en una modesta imprenta local, componiendo letra a letra y con fotograbados de cobre y madera impresos en una vieja Minerva plana—, y asimismo en lo que respecta a la consecución de textos que conectaran con los conceptos fotográficos que se desarrollaban en otros países, más evolucionados culturalmente.

¿Por qué llamaron a la revista AFAL?

AFAL son las siglas de la Agrupación Fotográfica Almeriense.

¿Por qué criterios se guiaron para seleccionar el material de la revista?

Además de recurrir a la reproducción de algunos textos seleccionados de libros y revistas, los miembros del equipo directivo y de redacción entablaron una extensa y prolija correspondencia, aún vigente, con otros fotógrafos y cineastas de mentalidad inconformista. A éstos se les pedía insistentemente su colaboración, aunque fuera de forma gratuita. De paso, logramos interesar a otros hombres de la cultura comprometidos con las formas de expresión cuyos postulados defendíamos.

En este caso, ¿era el texto el que acompañaba a la imagen, o bien sucedía a la inversa?

Por regla general, el texto acompañaba a la imagen, pues la carestía de medios económicos —prácticamente inexistentes— nos impedía solicitar colaboraciones conjuntas. A veces, desde la redacción se conseguía complementar algunos textos con imágenes adecuadas, que siempre eran de archivo.

¿Qué tipo de riesgos corrieron al editar una revista de estas características?

Fundamentalmente, los riesgos fueron de carácter económico. Ello se cifra en dos ejemplos: las deudas personales de los colaboradores almerienses y las horas de su tiempo que aquéllos ocuparon de forma altruista, con un propósito que entraba en el terreno de la utopía. Por otra parte, a nivel provincial, hubo incomprensión y roces derivados del rechazo de los textos o imágenes ofertados por ciertos socios; trabajos que, según nuestro criterio, no tenían el suficiente valor.

¿Qué acogida tuvo esta revista entre el público?

Disfrutó de una acogida que podemos caracterizar como nacional e internacional, sobrepasando el nivel estrictamente local. Las adhesiones eran continuas y las cartas de aliento, a veces, conmovedoras.

¿Cómo se conjugan arte y fotografía?

No reivindicábamos el concepto de arte en nuestra fotografía. En nuestra opinión, la expresión arte fotográfico —al igual que la revista de ese mismo nombre— estaba desprestigiada, había quedado obsoleta. La consideración de artista o excelencia de la FIAP (Federación Internacional de Arte Fotográfico) era la antítesis de nuestra postura. No en vano apostábamos por una fotografía menos manierista y más viva, más dinámica, más intelectual; que conectase con las nuevas corrientes de expresión que todavía no habían entrado en España después de la Segunda Guerra Mundial.

¿Cuál fue el alcance de AFAL en el ámbito fotográfico profesional y amateur?

Si bien la aparición de la revista fue saludada como un soplo de aire fresco, claramente renovador, tanto la revista conservadora y oficialista Arte Fotográfico de Madrid como los boletines de las distintas agrupaciones nos consideraron unos jóvenes transgresores e irresponsables. Con esa postura, se situaban en contraste con los escasos inconformistas de cada asociación que nos defendieron a ultranza y se sumaron a nuestro proyecto.

¿Qué problemas tuvieron con la censura del momento?

Todo el contenido literario y gráfico tenía que ser sometido al sello de la delegación almeriense del Ministerio de Información. En los casos dudosos por su ambigüedad, sus responsables trasladaban dichos contenidos a la central de Madrid. Numerosos textos de asunto cinematográfico y muchas fotografías fueron prohibidos o censurados en parte, bien por incumplir con la ideología del régimen imperante, o por supuestas transgresiones de la moral y las buenas costumbres.

¿Qué objetivos les animaron a embarcarse en el proyecto? Y permítanos añadir un matiz a la pregunta: ¿realmente existían unos objetivos definidos?

Fue una larga aventura de carácter altruista, de ésas que solo pueden realizarse a una cierta edad. No nos guiaba ningún interés material, ni tampoco hubo pretensiones de notoriedad. Defendíamos la fotografía como una expresión vital de nuestro sentimiento, sin pensar que estábamos sentando con ello las bases de una revolución. Con todo, el reconocimiento nos llegó al cabo de muchos años: cuando el examen del paso del tiempo situó en la Historia aquella labor que habíamos emprendido con tanto amor y entusiasmo.

¿Cree que la revista ayudó a que la fotografía española fuera mejor conocida fuera de nuestras fronteras?

AFAL llegó a tener una edición bilingüe: en español y francés. Asimismo, dispuso de corresponsales en París, Milán, Bruselas y Londres. Mantuvo intercambio con las principales publicaciones internacionales, consiguiendo traer a España exposiciones tan importantes como la de Otto Steinert, Fotografía subjetiva, y la del grupo La Ventana de Méjico: Fotografía realista. También hizo posible la muestra de fotografía abstracta Joven fotografía belga. Además, el grupo AFAL se presentó en exposiciones de París, Pescara, Berlín, Moscú y otras ciudades. Incluso el Museo de Arte Moderno de Nueva York solicitó fotos de varios de nuestros autores. En definitiva, está claro que la historia de la fotografía española de los años cincuenta y sesenta no se puede escribir sin considerar que el protagonismo de AFAL fue el hecho más relevante. Así se recoge en todas las publicaciones especializadas que contemplan esta época.

[Carlos Pérez Siquier respondió a este cuestionario en Almería, en marzo de 2003.]


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