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Se cuenta que Borges
afirmó «ser es ser fotografiado». Lo que no se fotografía, no existe. Desde sus
inicios, la fotografía que nos permite, además de consumidores, ser productores de
imágenes se definió como una forma expresiva que trascendía el mero testimonio de
la realidad para convertirse en realización artística: el fotógrafo no sólo
participaba como el simple operador de una máquina, sino que atraía sobre la primitiva
placa su concepción del arte y su personalidad; su propia mirada, en definitiva.
«Miradas de otro tiempo» presenta algunas obras de los pioneros que establecieron las
bases de la tradición fotográfica en España; nos referimos a: José Ortiz Echagüe
y Rafael Castro Ordóñez, fotógrafos viajeros y exponentes máximos de la
corriente pictorialista española.
La búsqueda de un lenguaje expresivo personal, con indudables influencias de la
pintura y la literatura, lleva a ambos fotógrafos a representar escenas en que el ser
humano cobra protagonismo, bien por sí mismo (la figura en solitario o en grupo, con
rasgos de estudio psicológico o de registro etnográfico), bien por los escenarios en que
se desarrolla su existencia.
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