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Comisario de la exposición
Director del Instituto Cervantes de Roma

Dos años después, el Instituto Cervantes de Roma vuelve a embarcarse en la aventura de producir una exposición, con sus limitados medios y la ayuda decidida de muchas instituciones. No podemos pues quejarnos, ni alegar inexperiencia, que quien reincide y lo hace porque quiere, sus razones tendrá. A explicarlas están dedicadas estas líneas.

Tras Roma 2000, una mirada española, que recogía el trabajo realizado por los Premios Nacionales de Fotografía tras una semana romana, Roma en España nace con la idea de reflejar la huella de España en Roma a través de la mirada de quince fotógrafos seleccionados por quince comunidades autónomas. Antes de entrar en el detalle de la gestación de esta muestra, y para que quien transite por estas páginas no nos vea con malos ojos, debo aclarar sin demora lo que esta exposición no es, que será tal vez la mejor manera de explicarla: no es una exposición documental; quien busque postales, se equivoca de quiosco; y no es un manual de historia; ya se nos alcanza que hablar de Trajano como español es cuanto menos incurrir en anacronismo.

Aclarado de forma negativa el contenido, veámoslo en positivo.

Y volvamos al origen. Contando de nuevo con la complicidad y el ya epíteto marco incomparable de la Academia de España, propusimos a las comunidades autónomas participar en un proyecto que tenía estas premisas: debían enviarnos a un fotógrafo, elegido por ellos, que nos entregaría tras una semana en Roma (gracias a la Academia, en la Academia) seis fotos seis, que como ciertas disciplinas gimnásticas debían estar agrupadas en dos categorías; ejercicio obligatorio y ejercicio libre. En el primero, lo único de obligatorio que había era el tema. Conseguíamos así que la mayor parte de los edificios que de alguna manera reflejan nuestra huella en esta ciudad no quedaran, y esta vez en sentido estricto, fuera de la foto. A cada fotógrafo se le asignó un lugar, procurándosele información al respecto. Y digo que eso era lo único de obligatorio, porque el tratamiento de ese tema era absolutamente libre. No se trataba como ya se adelantó de producir una postal (ése es apartado en el que Roma está especialmente surtida) sino de volcar la propia creatividad partiendo de un argumento. Para hacer simétrico el discurso, en el apartado libre sólo había un aspecto sin límite y era de nuevo el tratamiento del tema; éste, el tema, era libre sólo en la medida que reflejara también (aquí si cabe de forma más lata) la huella de España en Roma.

El elenco de lugares que de alguna manera muestran la huella española en Roma lo escogimos de una lista más amplia, incluyendo los elementos que no figuraban en los obligatorios como propuesta para el ejercicio libre. La lista no pretende ni ser exhaustiva ni reivindicar propiedades que no nos corresponden. Como comprobarán, algunos fotógrafos han escogido para el apartado libre algunos elementos de esa lista (la via degli spagnoli, el Monte Testaccio, la Villa Medici que pintó Velázquez, Tusculum, etcétera). Otros han retomado alguno de los temas obligatorios o han buscado huellas más precisas referentes a su propia comunidad.

Establecidas las condiciones, a la llamada del Instituto respondieron quince comunidades autónomas y en julio de 2001, como si de un campamento de verano se tratara, se reunieron en la Academia los quince fotógrafos. En la diversidad (orígenes, edades y estilos) estaba el riesgo y también el reto. Restaba por ver si la relación de las partes con el todo, que en música viene a denominarse armonía, era tal o más bien desencuentro. Nuestra primera impresión no pudo ser mejor. El entusiasmo con el que los fotógrafos se lanzaron a cumplir su misión, pese a lo reducido del tiempo y a los límites que les marcamos, hizo que lo que había sido un encargo pareciera fruto de un acuerdo común, a lo que ayudó el buen ambiente que entre ellos se creó, que si no llegó al edulcorado espíritu de campamento con confesiones en torno a la hoguera, sí hizo que pensáramos que la cosa iba por buen camino.

Y llegó el resultado, que es el que ustedes pueden admirar en estas páginas y los romanos y los españoles tendrán oportunidad de ver en las distintas exposiciones que se realizarán. Nuestra primera impresión no ha empeorado, porque a la variedad de las propuestas se ha sumado la calidad, que los fotógrafos ya traían en su equipaje, con los objetivos, los carretes y algún que otro trípode, y que ahora se puede constatar en este catálogo. Del paisaje al paisanaje, del conjunto al detalle, del reflejo más naturalista a la evocación de lo que no está, cada una de las propuestas refleja una manera de enfrentarse a la realidad, y muestra la riqueza de nuestra fotografía contemporánea.

Y es que por fin, la fotografía se ha hecho en España (aunque algunos no se han dado cuenta todavía) con un lugar privilegiado entre las Bellas Artes. El éxito de iniciativas como PhotoEspaña o la Primavera Fotográfica refleja el interés del público por esta disciplina; su presencia cada vez más notable en ferias como Arco, nos dice que ese interés es real y no sólo institucional. Y este interés se suscita (o se acompaña, según los casos) por la existencia en nuestro país de un nutrido grupo de fotógrafos, que combinando o no la fotografía artística con la comercial empiezan a ser reconocidos internacionalmente. En esta eclosión no hay un solo palo sino muchos, y no son sólo variadas las técnicas; los temas, los enfoques, las formas de mirar, nos dicen que tampoco aquí puede hablarse (y a Dios gracias) de una fotografía española contemporánea, salvo que en ella se admita la paradoja de ser la diversidad el denominador común.

La exposición y el catálogo se acompañan de una serie de textos que pretenden acercar al público a la huella de España en Roma. Cada uno de los elementos que hemos venido en llamar obligatorios, aparece en este catálogo y en la muestra con una ficha sobre lo que representa, tarea para la cual ha colaborado la Escuela Española de Historia y Arqueología, de nuevo la Academia de España y también nuestra Embajada. Cada ficha aparece firmada por su autor, que es la forma que tenemos de agradecerle a cada uno su trabajo. El apartado histórico se completa con un texto del Director de la Escuela Española de Historia y Arqueología, Manuel Espadas, que refleja de forma general la huella de España en esta ciudad. Por último, que no en último lugar, seguimos jugando a las simetrías al incluir un artículo sobre Roma en la literatura española, seguido de una selección de textos, siendo ambos (artículo y selección) obra de Rosa Navarro, catedrático de literatura española en la Universidad de Barcelona. Sirvan como ejemplo de que la influencia no es unidireccional y si España está presente en Roma, bien presente está Roma en nuestro país.

Y además, como quien no quiere la cosa, recordamos la riqueza de nuestro Siglo de Oro.

Hasta aquí las explicaciones. Quedan los agradecimientos, que son agradecimientos y no cortesía.

El primero a los fotógrafos, por su trabajo y su interés, que nos ha convencido de no habernos equivocado al reincidir. El segundo, a las instituciones que han participado, empezando por las quince comunidades autónomas, siguiendo por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y terminando con la Academia de España y con la Escuela Española de Historia y Arqueología. La estrecha colaboración que en estos años ha habido entre Academia e Instituto ha permitido que proyectos como éste puedan llevarse a cabo. Por último, el agradecimiento a todo el personal del Instituto que ha trabajado en esta empresa. Sólo queda esperar que el resultado les guste tanto como a nosotros y ayude a conocer el trabajo de nuestros fotógrafos.

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