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Esta iglesia, que con su discreta fachada pasa
desapercibida a la mayoría de quienes transitan por la Plaza Navona, tiene sus orígenes
en otra situada en el mismo lugar llamada San Andrés de los Españoles, junto a la cual
se estableció, para acoger a los peregrinos de la Corona de Castilla en ocasión del
Jubileo de 1450, el Hospital de Santiago de los Españoles.
El templo fue fundado por el clérigo Alfonso de
Paradiñas, que dispuso de diversos beneficios eclesiásticos en Roma que empleó en la
construcción de la iglesia y la ampliación del hospital. Desde entonces, gracias a las
generosas donaciones de los españoles presentes en Roma, la institución fue amasando un
riquísimo patrimonio artístico e inmobiliario.
Aunque cuando se abandonó el templo castellano a
principios del siglo XIX la mayor parte de las obras de arte que decoraban Santiago fueron transportadas
a la Iglesia de Santa María del Montserrat en Roma, todavía es posible admirar
actualmente el edificio, obra de Antonio da Sangallo, autor también de la bellísima
capilla dedicada a Santiago, cuya estatua, esculpida por Jacopo Sansovino, se encuentra
hoy en la Iglesia de Via del Monserrato.
Antoniazzo Romano, Annibale Carraci, Bernini y tantos otros
dejaron su huella en la iglesia castellana, que era más conocida, sin embargo, por la
aparatosa celebración de determinadas festividades en la Plaza Navona.
Es evidente el paulatino deterioro de la iglesia ya desde
mediados del siglo XVIII que, abandonada y condenada a la incuria por el absoluto desinterés mostrado
por las autoridades españolas, a punto estuvo de ser vendida a la comunidad protestante
en Roma, escándalo evitado sólo gracias a la personal intervención del Papa.
El edificio fue ocupado finalmente por los padres
Misionarios del Sagrado Corazón de Jesús en 1870, que renovaron drásticamente su
interior, dejando pocos rastros de la decoración original, que ha desaparecido casi
totalmente, como en el caso concreto de la capilla que el español Gaspar Becerra pintó
en 1553, literalmente arrasada hacia 1930 por la ampliación de la Via della Sapienza,
actual Corso Rinascimento.
Gonzalo Redín
Becario de la Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma
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