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El Instituto Cervantes, creado en 1991 para la difusión de
la lengua y cultura españolas en el mundo, tiene en Roma dos sedes, además de
desarrollar su actividad en otros lugares de la ciudad: Via di Villa Albani y Piazza
Navona son sus emplazamientos.
En Via di Villa Albani tiene el Instituto sus oficinas,
aulas y biblioteca. Se trata de un palacete de principios de siglo que fue durante casi 37
años sede de la Escuela Española de Historia y Arqueología y que el Instituto heredó
de su antepasado reciente, el Instituto Español de Cultura. El edificio está situado
frente a la Villa Albani, que proyecta con sus pinos romanos, largos y estrechos como
figuras de Giacometti, la impresión de encontrarse en pleno campo pese a tener a dos
pasos la comercial y concurrida Via Salaria. Como todo edificio romano que se precie,
nuestra sede cuenta con fantasma propio, esbozado por un director de esta casa, Román
Gubern, en sus memorias, y consagrado por Paloma Gómez Borrero en su libro sobre los
fantasmas de Roma. Se non è vero, è ben trovato, porque se trata de una supuesta
amante del conde Ciano, yerno de Mussolini, ministro de Asuntos Exteriores y propietario
del palacete, que decidió terminar con su vida cuando el suegro del conde hizo lo propio
con la del propio conde, por haberlo traicionado, firmando su sentencia de muerte sin
reparar en vínculos de familia. Fantasma que yo no he visto, aunque es cierto que soy
poco partidario de las apariciones, y los aparecidos suelen aparecer ante los previamente
convencidos, porque aparecen poco y tienen miedo de hacer el viaje en balde.
En este lugar con historia desarrolla el Instituto una
parte de su actividad lectiva, aunque también imparte clases de español en otros puntos
de la ciudad, y alberga su biblioteca, que entre otros atractivos (25 000 volúmenes)
cuenta con todo el fondo de la A.ISP.I., la Asociación de Hispanistas Italianos.
Pero al igual que las grandes familias romanas, que
contaban con palacio en el centro y villa en la parte alta de la ciudad, el Instituto
cuenta con otra sede en el centro de la ciudad, en piazza Navona, en un edificio que
pertenece a la Obra Pía. Aquí tiene el Instituto su sala de exposiciones, frente a la
fuente de Bernini, en uno de los pocos lugares de la plaza que no ha sido invadido por las
terrazas y en uno de los sitios más concurridos por romanos y turistas, que es a la vez
escenario y plaza de pueblo, arquitectura y vida. Y aquí se desarrolla parte de la otra
razón de ser del Instituto, la actividad cultural, aunque en los últimos años, ésta,
como la lectiva, haya abandonado los muros del Instituto para abrirse a la ciudad, y
hacerlo en otras instituciones locales que se ocupan de cultura.
Miguel Albero Suárez
Director del Instituto Cervantes de Roma
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