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Esta «miniatura arquitectónica», más conocida como
San Carlino alle Quattro Fontane por sus reducidas dimensiones y las cuatro fuentes
que se encuentran en el cruce de la vía del mismo nombre con la vía del Quirinale, fue
encargada a Francesco Borromini por los Descalzos Trinitarios Españoles en 1638.
El terreno para la edificación fue comprado en 1612 por el
cardenal Matteo Bondino, protector de los Trinitarios Descalzos, cuyas modestas
posibilidades económicas fueron suplidas por el estro de Borromini, que gozó de absoluta
libertad creativa. El pequeño tamaño y la irregularidad del solar hizo adoptar al
arquitecto una planta elíptica resultante de dos triángulos equiláteros con base común
correspondientes a su eje transversal, en la que, gracias al tratamiento escultórico y
libre de los muros, el espacio parece dilatarse más allá de sus límites físicos. Del
mismo modo actúan los elementos decorativos, como por ejemplo en la decoración del
interior de la cúpula, cuyos casetones disminuyen aceleradamente hasta llegar a la
linterna, aumentando de modo ficticio la profundidad de la bóveda.
Las obras se prolongaron durante casi 30 años debido a la
falta de recursos económicos, y Borromini sólo pudo presenciar la construcción de la
iglesia, el adyacente convento y el claustro, apenas acabado poco antes de su muerte,
mientras que la fachada fue finalizada, siguiendo el proyecto original, por su sobrino
Bernardo Borromini.
En el interior de la iglesia destacan las pinturas de
Pierre Mignard y Giovanni Francesco Romanelli, mientras que del pintor español Francisco
Preciado de la Vega se conserva una Madonna en el refectorio del convento.
En un primer momento Borromini debía ser sepultado en San
Carlino, y de hecho se le destinó una minúscula estancia fuera de la sacristía a tal
efecto, sin embargo después de su suicidio en 1667 fue enterrado en San Giovanni dei
Fiorentini.
Gonzalo Redín Michaus
Becario de la Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma
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