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La Academia de España en Roma fue fundada en 1873 gracias
al impulso que desde unos años antes habían ejercido D. Emilio Castelar, desde su cargo
de Ministro de Estado de la Primera República española y promotor de la institución, y
del conde Coello de Portugal como Embajador de España en Italia y verdadero responsable
de la ubicación de la Academia en San Pietro in Montorio, a pesar de las reticencias que
este lugar ofrecía a otras personalidades, por entenderlo excesivamente alejado del
centro de Roma. Todo ello se vio sin duda favorecido por la creación del Estado italiano,
y por las buenas relaciones que mantuvo con la joven República española. Tras este
impulso, los gobiernos de la Restauración continuaron con su apoyo decidido,
inaugurándose en su actual sede en 1881, bajo el reinado de S.M. Alfonso XII.
La Academia es una institución pública regida por un
Patronato, vinculada desde su origen a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de
Madrid, y dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores a través de la Dirección
General de Relaciones Culturales y Científicas y de la Embajada de España en Italia.
La razón de ser fundamental de la Academia de España en
Roma es desde sus inicios acoger becarios anteriormente llamados pensionados,
de diferentes especialidades, todas ellas relacionadas con las Bellas Artes, y ha
desarrollado un papel fundamental en la formación de muchas generaciones de artistas e
intelectuales españoles, de manera que la historia de la cultura española de los
últimos 130 años sería bien distinta si se suprimieran a todos los que han trabajado y
estudiado en ella. Por solo citar los de las primeras promociones, han pasado por sus
estudios músicos como Ruperto Chapí o Tomás Bretón; pintores como Francisco Pradilla,
Alejo Vera o Muñoz Degraín; escultores como Agustín Querol o Mariano Benlliure, que con
el tiempo también llegó a ser director de la Academia; y arquitectos como Aníbal
Álvarez o Teodoro de Anasagasti. En las últimas décadas se ha ampliado el número de
becarios y sus especialidades, extendiéndose a Literatura, Artes escénicas, Cine,
Restauración, Fotografía y otras.
Se encuentra situada en el Gianicolo, colina que domina la
ciudad al otro lado del río Tíber y que sirve de límite al popular y conocido barrio
romano del Trastevere. Dentro de esta colina ocupa un lugar privilegiado elogiado
por artistas y escritores perteneciente al antiguo convento de franciscanos de San
Pietro in Montorio, que había sido desamortizado por esas fechas, y que, como tantos
otros monasterios de origen medieval, se instala sobre restos de época romana aún hoy
existentes dentro del complejo de la Academia.
El edificio, adaptado para Academia por Alejandro de
Herrero y Herreros, se articula en torno al antiguo claustro renacentista del monasterio
en cuya galería inferior se encuentra una interesante serie de lunetos pintados al fresco
hacia 1585 por Nicolò Circignani llamado Il Pomarancio y que relatan la vida y
obras de San Francisco de Asís. A su alrededor se ubican los estudios y habitaciones de
los becarios, algunos con vistas excepcionales de Roma y otros recayentes a los jardines
de la propia Academia, de inspiración romántica y árboles centenarios, visibles desde
la ciudad y divididos por una vía peatonal que sirve de acceso de la Academia al
Trastevere, jalonada por un bello vía crucis de paneles cerámicos realizado en los años
cincuenta por el malogrado escultor y becario Carmelo Pastor (1924-1962).
De todas maneras, a pesar de la belleza del edificio, de su
claustro o de sus jardines, lo que más sigue impresionando a los visitantes son las
excepcionales vistas que desde aquí se alcanzan de la ciudad de Roma. En 1832 Stendhal
decía de manera expresiva: «Esta mañana me encontraba en San Pietro in Montorio
hacía un sol magnífico
me sentía feliz de vivir... este lugar es único en el
mundo».
Enrique de Álvaro
Secretario de la Academia de España en Roma
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