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Los términos de la comparaciónLa Sociedad Estatal España Nuevo
Milenio estableció las líneas básicas de la exposición fotográfica España ayer y
hoy: escenarios, costumbres y protagonistas de un siglo en el verano de 1999.
La línea principal, anticipada en el título, consistía en la comparación visual entre
personajes, ambientes y costumbres del pasado y del presente. La duda surgió al tratar de
delimitar esos términos temporales.
A los efectos de la exposición, pueden elegirse
los primeros y últimos años del siglo y resaltar así el contraste del fuerte cambio
experimentado por España en la última centuria. Pero ¿hasta dónde llegan los años
iniciales? ¿Tomaríamos los cinco o los diez primeros? ¿O debíamos llegar hasta los
veinte e incluso hasta los treinta? ¿Quizá hasta 1936, como símbolo de la trágica
ruptura que entonces ocurrió en la sociedad española?
En cuanto al hoy, el problema parecía más
sencillo, pero también surgía el mismo tipo de duda. Podía escogerse el hoy literal,
formado por algunos aspectos de lo que puede verse actualmente en España. O bien,
preferir un hoy con cierta perspectiva que recogiera en su presentación personas,
ambientes, costumbres de nuestros días en un sentido más amplio que el literal y, por
tanto, arrancando desde los años anteriores al 2000.
Después de un amplio cambio de impresiones con
los asesores de la exposición, se acordó que para la comparación buscada el ayer
serían los años que van de 1900 a 1975. El hoy, la España surgida durante el último
cuarto del siglo XX, tal como podría verla un observador agudo y atento que
mirara a su alrededor en los últimos meses de 1999 e iniciales del 2000. |

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Objetivos
La segunda línea básica está formada por la
finalidad de la exposición. Desde el principio quedó muy claro para los organizadores
que el conjunto de las imágenes que se presentaran no pretenderían ser ni una
exposición de fotografía artística española del siglo XX ni un
resumen gráfico de la Historia de nuestro país en los últimos cien años.
Lo que quiere presentar, en cuanto al pasado, son
escenarios, costumbres y personas tomados en sus ambientes propios por fotógrafos,
conocidos o anónimos, que captaron momentos determinados de su existencia. Momentos poco
importantes en sí mismos, pero testimoniales de un modo de ser o de un cambio que
comenzaba o de una costumbre ya olvidada o de otras que todavía perduran. Las
fotografías que ilustran esta parte se deben a autores conocidos y autores anónimos que
lograron, unos y otros, captar con exactitud un personaje o un momento de la vida
española que se desarrollaba ante ellos.
La finalidad pretendida explica ciertas
ausencias. La exposición no ofrece las imágenes que cabría esperar si solo pensamos en
los acontecimientos ocurridos en España desde 1900. No trata de reunir las fotografías
más conocidas realizadas en el pasado siglo. Y no se encontrarán en ella muchos
personajes que fueron famosos en uno u otro campo, solo algunos. Esto último se debe a
que al elegir las imágenes del ayer se ha tenido en cuenta la conveniencia de no exceder
el centenar, cantidad a comparar con las cincuenta o sesenta representativas del presente.
El límite total venía dado por la capacidad física del lugar donde se mostraría el
conjunto de las imágenes y sus posibles complementos.
El hoy que ofrece la exposición sigue pautas
diferentes. Los organizadores y sus asesores consideraron la idea inicial de la Sociedad
Estatal España Nuevo Milenio, de presentar la visión de once fotógrafos actuales de
reconocido prestigio. Una vez elegidos, se les encargaron diversas fotografías sobre un
aspecto de la España de hoy que les llamara la atención. Y para no limitar de ningún
modo su creatividad personal se les dio libertad en la elección de sus temas.
Así, se ha querido obtener una muestra libre y
espontánea de lo que esos profesionales ven como llamativo dentro del variado paisaje
sociológico de final de siglo en España. En cierto modo, se ha tratado de concretar a
través de ellos la mirada del observador al que metafóricamente nos referimos más
arriba, sustituida aquí por once miradas, diversas, personales y simultáneas. El
resultado suscitará, sin duda, la reflexión del visitante si compara esas fotografías
con las imágenes de la España del pasado. |

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Complementos
Para reforzar la idea básica de la comparación
entre el ayer y el hoy del siglo XX en España se han incluido tres complementos. El primero
es un mural con 28 postales antiguas que tratan de situar a quien
ahora las contempla en el ambiente de comienzos del siglo. A la vez, es un recordatorio de
la importancia que la postal y su especial formato han tenido como medio de comunicar
mensajes visuales en una época donde pocos disponían de cámaras fotográficas.
Los otros dos complementos, al comienzo y al
final de la exposición, son proyecciones. La primera es de imágenes estereoscópicas
antiguas (como la de la página La España más real), que
deben contemplarse con gafas especiales. La segunda juega con la idea de un álbum
familiar imaginario presentado desde 1900 a nuestros días a través de diapositivas,
vídeos y efectos visuales (este álbum familiar podrá visitarse próximamente en esta
exposición). |

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Asesores y fuentes
Desde el principio, la Sociedad Estatal España
Nuevo Milenio consideró que el equipo realizador necesitaría el apoyo de un grupo de
profesionales tanto a la hora de buscar imágenes como ante las dudas que podrían surgir
en el proceso seleccionador. Esos asesores tienen un extenso conocimiento de la
fotografía y del fotoperiodismo en España por lo que han podido proporcionar
informaciones y opiniones de gran valor para el equipo coordinador. En varias ocasiones
sus intervenciones han sido importantes a la hora de adoptar una u otra decisión.
Respecto a las fuentes documentales, los
coordinadores se han encontrado ante una riqueza documental superior a lo esperado, al
comprobar la existencia de muy interesantes archivos en diversas ciudades y regiones de
España. Se han incluido imágenes de algunos de ellos (del Museo del Pueblo de Asturias y
de la Diputación Provincial de Guadalajara), de la Agrupación Fotográfica de
Guadalajara, pero razones prácticas y en especial el plazo previsto para la
investigación del período 1900-1975, han obligado a centrar nuestra atención en los
miles de fotografías que guardan y cuidan los grandes archivos de la Biblioteca Nacional,
del Patrimonio Nacional, del Instituto del Patrimonio Histórico Español MEC, del Museo
Nacional de Artes Decorativas, de RTVE, de la Agencia EFE, y de la Real Sociedad
fotográfica de Madrid.
Por otra parte, existen colecciones privadas,
propiedad de sus autores o de sus herederos, donde pueden encontrarse imágenes
excelentes, poco o nada conocidas. Este abundante material ha proporcionado notables
fotografías incluidas en la exposición por la exactitud con que encajan en su
propósito. Y como un homenaje a todos esos fotógrafos del pasado, algunos conocidos y
otros no, los coordinadores inician la exposición con la imagen de autor
anónimo que recoge una cena en la Real Sociedad Fotográfica en 1901, donde entre
los comensales puede verse al famoso Kaulak.
La serie de fotografías presentadas son, en su
gran mayoría, unidades en sí mismas completadas a veces por la precedente o por la que
sigue a cada una de ellas. Sin embargo se han incluido algunas que abarcan dos momentos
distintos en el tiempo o en el espacio cuando ponen de manifiesto un fenómeno de interés
especial. Por ejemplo, las dos agrupadas en el mismo panel mostrando las detenciones de El
Lute en 1966 y 1973.
En la primera aparece junto a una pareja de
guardias civiles de expresión seria y profesional. En la segunda vemos, siete años
después, cómo el ladrón y fugitivo de la justicia se ha transformado en una figura
famosa, casi legendaria, y los guardias civiles que le rodean se sienten ahora satisfechos
de aparecer junto a él. El emparejamiento de las fotos muestra con claridad cómo un
pequeño delincuente, en su lucha por sobrevivir y evitar la cárcel, llegó a tocar una
fibra sensible de la imaginación colectiva situándose junto a los otros héroes
populares del momento, futbolistas y toreros. |

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Consideraciones generales: el valor del tiempo
Hubo una época en la que el hecho de realizar
una fotografía estaba rodeado de todo un ritual y era en sí mismo un acto de cierta
trascendencia. En la primera parte del siglo XX la mayoría de las personas no se fotografiaban más de
una docena de veces en toda su vida, relacionadas siempre con acontecimientos familiares
importantes. El nacimiento, la escuela, la comunión, el servicio militar, la boda e
incluso la muerte.
El acto fotográfico era algo muy especial. Las
escenas que iba a registras la cámara se preparaban con cuidado y las personas se
colocaban de forma pensada previamente, por ellos o por el fotógrafo. La imagen
resultante era como una breve representación. Y los fotografiados se sentían conscientes
de que aquel acto estaba relacionado directamente con la conservación del presente para
ser contemplado en el futuro. La fotografía tenía una clara y rotunda función: guardar
el instante, conservar la memoria visual.
Esta exposición trata de la memoria visual.
Aquí podemos ver fotografías que en su momento fueron realizadas con el único
propósito de documentar actos sociales de relevancia. Y también otras que son solo
descripciones de lo obvio, de la cotidianeidad del momento, aunque en este segundo caso la
iniciativa de hacer la fotografía no era de los retratados sino de quien los tomaba en su
cámara. El paso del tiempo ha cargado de importancia no solo a las fotos de familia sino
también a esa obviedad original que ahora contemplamos con décadas de distancia. Lo
obvio ha crecido en importancia con el paso de los años. Es el valor del tiempo, en
definitiva, de la memoria.
Por eso puede resultar interesante ver estas
fotografías que inicialmente fueron realizadas sin otra pretensión que la de decir
«así son», o «eso era de esta manera». Constituyen un registro visual de formas de
ser y de vivir y sirven a los españoles de hoy para saber de donde venimos. |

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Verdades a medias
Hoy en día, el hecho fotográfico no es tan
inocente como lo fue en buena parte del siglo XX. Existen infinidad de fotógrafos y las imágenes,
impresas o en movimiento, inundan nuestra vida cotidiana. La cultura de lo visual es mucho
mayor y los que toman fotografías son conscientes de su posible valor comercial. Su
difusión masiva en los medios de comunicación supone también un control y una
mediatización.
Actualmente es difícil encontrar fotógrafos de
lo obvio. Esta función la desarrollan los millones de particulares anónimos que recogen
con sus cámaras multitud de actos familiares, importantes o no, viajes y reuniones.
Probablemente, al final del siglo XXI los historiadores encontrarán en esas fotografías
familiares un rico depósito para configurar la memoria de la vida cotidiana de, para
ellos, los últimos cien años.
Por otra parte, el fotógrafo profesional de hoy
día documenta tanto lo que ve como sus emociones e incluso obsesiones. Y busca muy
frecuentemente anécdotas visuales, grandes o pequeñas, del mundo actual para esos
clientes insaciables que son los medios de difusión masivos.
El mundo y sus gentes se trivalizan y quedan
convertidos poco a poco en pura anécdota. Así, la fotografía actual se aleja del
difícil y no bien definido campo de la objetividad, inclinándose hacia la
interpretación personal: en el acto fotográfico, el autor y sus fantasmas conviven con
el retratado. |
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