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España ayer y hoy

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Julián Oslé Muñoz [1]



cuadro_verde.gif (46 bytes) Volver la vista al tiempo pasado tiene un componente de ensoñación, de mirada introspectiva entre lo personal lo universal, algo de filosofía de la existencia, de hombres y mujeres en los escenarios a que la historia los ha abocado.

Actores y actrices de un tiempo en una geografía concreta. He aquí España. La España de a pie de hace un siglo, lenta, de tiempos muertos, con movimientos y miradas antiguas, más parecidas a su pasado decimonónico que a la modernidad por venir, porque el porvenir al que llegaron siguió siendo de muertos, «de aquella España que pasó y no ha sido», que decía Machado. Sonrisas de caciques y burgueses, trabajos de los hombres del pueblo, todos ellos en espera del piloto que llevara cual nave platónica a la república del buen gobierno de sus días.

Anónimo. «Burgos, entrada al museo». Imagen estereoscópica (Pulse sobre la imagen para verla ampliada)

Y es que tras los grandes escenarios de la Historia con sus fechas, sus batallas, palacios, catedrales, sus héroes y villanos, respiraban estos millones de seres anónimos, que poco o nada parece influyeran en el devenir histórico de un país que estaba aún por hacer en el sentido moderno de la palabra, es la España invertebrada de la que hablaba Ortega y Gasset.

Anónimo. «Su Majestad el Rey Alfonso XIII con Su Majestad la Reina Regente e Infantas». Imagen estereoscópica (Pulse sobre la imagen para verla ampliada)

Esa «España que no nos gusta» como decían los del 98, donde la mayoría de las mujeres eran analfabetas o sólo el dos por ciento de los propietarios poseían la mitad de las tierras cultivadas. Aún metida en guerras coloniales, con un ejército al que había que mantener contento y una iglesia todavía y por mucho siglo con ideas medievales. Y con ellos, la fotografía acercándose a la vida cotidiana de nuestros bisabuelos, abuelos y demás parientes próximos y lejanos, españoles y españolas del primer cuarto de la última centuria del segundo milenio occidental.

Ramón Muñoz. «La línea de tranvías». Cádiz, 1912. Imagen estereoscópica (Pulse sobre la imagen para verla ampliada)


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La Fotografía, sin la cual no puede entenderse la historia contemporánea, no es un documento histórico que nos deje impasibles más bien nos transmite, y sobre todo estas imágenes estereoscópicas, la sensación de revivir, de estar en el mismo lugar y el mismo tiempo pasado deslizándonos en un túnel del tiempo de blancos, negros y grises.

Ramón Muñoz. «El vendedor de lotería». Cádiz, 1910. Imagen estereoscópica (Pulse sobre la imagen para verla ampliada)

El tiempo y el espacio que se necesita para una descripción histórica, una fotografía nos lo da en un instante, y más aún las imágenes estereoscópicas. Auténticas ventanas de la historia, la estereoscopia fotográfica reproduce nuestra visión tridimensional, realizándose en esta época con cámaras de doble objetivo que impresionaba sincrónicamente dos imágenes. Las placas de cristal, nuestras películas de hoy, una vez reveladas se introducían en un aparato binocular llamado estereoscopio, al cual se asomaba el espectador, entrando en una íntima visión en relieve de lo fotografiado. La eclosión del estereoscopio entre la burguesía data de los años cincuenta y sesenta del siglo diecinueve, convirtiéndose en una moda coleccionar vistas estereoscópicas como en nuestro tiempo las tarjetas postales. De hecho es ahora a principios del siglo XX, cuando el estereoscopio comienza a perder protagonismo en favor de aquellas, hasta desaparecer de los mercados fotográficos por la sustitución del cristal por la película y otros avances en la tecnología fotográfica.

Ramón Muñoz. Peluquería de Pascual Parra. Cádiz, 1910. Imagen estereoscópica (Pulse sobre la imagen para verla ampliada)

Las fotografías de la España de ayer más reales están en las imágenes estereoscópicas, porque podemos ver el aire que se mueve entre los personajes y sus escenarios; las personas, los edificios tienen volumen, hay fondo y perspectiva en las cosas, como si pudiésemos tocar los objetos que están encima de una mesa o continuar el viaje por entre las calles del pasado.


NOTA: Arriba

1. «La España más real» es el texto que acompaña al audiovisual de España ayer y hoy.



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