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Luis
Miguel Enciso Recio
Presidente de la Sociedad
Estatal España Nuevo Milenio
Paul Strand, uno de los mejores fotógrafos de todos los tiempos, veía así la dimensión
científica y tecnológica de la fotografía: «Algunas de las aplicaciones de la máquina
de la cámara y los materiales que la acompañan resultan especialmente
maravillosas. Baste citar como ejemplo los rayos X, la microfotografía, la fotografía
astronómica y los distintos procesos fotomecánicos que dan al mundo acceso a 1a
comunicación icónica de un modo tan revolucionario como en su día lo hizo la invención
de la imprenta respecto de la comunicación oral» [1].
Pero la fotografía no reverbera
sólo el fruto del desarrollo científico y tecnológico. El medio fotográfico, explica
Strand, es, además, «cauce de expresión en el mismo sentido en que se utilizan para tal
fin la pintura, la piedra, las palabras y el sonido. En resumen, como un conjunto de
materiales que, en manos de unos pocos individuos, y controlado por la necesidad interior
más intensa, puede convertirse en un organismo con vida propia».
Más: el retrato y las demás
expresiones fopográficas han sido, son y serán para siempre un singular documento, tal
vez el más objetivo, y, como deseara Stieglitz, un medio de luchar por el juego limpio,
por la tolerancia, [por] «el derecho a existir y crecer de quienes, como los años han
demostrado, introducían una nueva visión de la vida humana».
Ciencia, arte, realidad histórica,
son tres de los inmensos horizontes a los que sirve la fotografía y en los que su mensaje
se hace más diáfano y revelador. Pero los fotógrafos buscan y, a veces logran, en el
incesante vaivén de la luz y la sombra, una meta más alta: la creatividad, la huella
genial del arte o el latido de la poesía, el elogio o la protesta.
Todos estos objetivos y mensajes
cobran cuerpo en España, ayer y hoy. Escenarios, costumbres y protagonistas, la
fascinante exposición que España Nuevo Milenio ofrece a la contemplación de públicos
muy diversos.
No pretendemos, ni por asomo,
recomponer los grandes hitos de nuestro arte fotográfico, tarea que han asumido ya, con
tino y acierto, Publio López Mondéjar y otros especialistas, sino abrir brecha en el
espectáculo humano y las irisaciones estéticas y sociológicas de la fotografía
española en el siglo XX.
La selección de cien fotografías
de calidad técnica o estética y ricos registros humanos o sociales compone un marco
suficientemente significativo para aproximarse a las complejas realidades del siglo XX. En las
muestras elegidas se dejan ver las tendencias que inspiraron a Strand u otros clásicos:
la relación con las vanguardias pictóricas, la composición fotográfica de puras formas
y lo «colectivo individualmente significativo», y, en definitiva, el afán de retratar
los pueblos, las ciudades, la política, la cultura, las costumbres o, lo que es lo mismo,
la vida de los hombres y su medio.
Punto central de nuestra oferta son
las personas y los personajes. Con razón decía Stieglitz que el «retrato de un
individuo constituye, en realidad, la suma de un centenar de fotografías más», Los
rostros aupados por la notoriedad a la excelencia y los de raíces entrañables, los
considerados triunfadores y los que, al parecer de muchos, no lo fueron tanto, los
coloreados por el sueño de la bondad y los nacidos para rebelarse y cambiar rumbos, todos
y cada uno, conforman un paisaje de estimulante diversidad. Miembros de la Familia Real,
políticos y artistas o escritores, hombres de ciencia, actores o representantes del mundo
del trabajo, mujeres y hombres, héroes de cada día o héroes de un tiempo, protagonistas
de la protesta social o espíritus generosos entregados a la tarea de hacer propia la vida
de los demás, privilegiados gozadores de la vida o del secreto paraíso del sentimiento
conviven y se alternan con los castigados por la injusticia, la insolidaridad y el dolor.
La fotografía, al reproducir la realidad, acaricia o fustiga, critica o da pistas para
circular por caminos de salvación.
España, ayer y hoy. Las
modulaciones actuales del Reino de España aparecen, mágicamente transfiguradas por las
cámaras de un conjunto de grandes intérpretes y artistas de la fotografía
«ultimísima». Los paisajes panorámicos de Xurxo Lobato, la visión poética de la
mujer contemporánea de Koldo Chamorro, los horizontes de presente y futuro plasmados por
Carlos Cánovas o los retratos de mujer de Alberto García-Alix se alternan con los
desnudos absolutos de Humberto Rivas, la huella de la juventud plasmada por la cámara de
Miguel Trillo, los inmigrantes captados por Ricky Dávila, las interpretaciones sobre la
sexualidad o el consumismo de Cristina García Rodero y Rafael Trobat, y el mosaico de
imágenes de Carme Casulá.
No quiero poner punto final sin
agradecer el excepcional trabajo de las personas que han hecho realidad esta singular
exposición: Myriam de Liniers, Miguel Urabayen y Patricia Allende coordinadores de
la muestra y Paz Uruñuela de la Rica secretaria general.
No sería justo silenciar la ayuda
generosa y brillante de los miembros del Consejo Asesor: Manuel Barriopedro, Manuel
Santos, Publio López Mondéjar, Rafael Doctor, José Gómez Isla, Marisa Flórez y José
Baeza. Gracias a todos ellos, y también gracias al Museo Nacional Centro de Arte Reina
Sofía, que tan amablemente nos acoge, y a su director, José Guirao. |

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José Guirao Cabrera
Director del Museo
Nacional Centro de Arte Reina Sofía
La fotografía es uno de los
ayudantes más poderosos de nuestra memoria sentimental, es un útil además de un
arte que alarga las posibilidades de la evocación y el recuerdo íntimos del
hombre, no sólo por su capacidad para fijar las apariencias fugitivas, capacidad que nos
parece digna de toda confianza, sino sobre todo por su característica forma de concentrar
un momento de vida, con su lado somero y su lado profundo.
Momentos de nuestra vida y de
nuestra historia así condensados es lo que ofrece la exposición España, ayer y hoy:
Escenarios, costumbres y protagonistas de un siglo, aprovechando con su carácter
testimonial la versatilidad que posee el arte fotográfico para deslizarse por la línea
del tiempo, para grabar un pedazo de presente, para guardarlo de cara al futuro, para
inmovilizar una vida que se actualiza a cada nueva mirada por la impresión que causa en
la red de sentimientos y emociones del espectador. Precisamente, uno de los puntos de
interés para quien visita esta muestra está en comprobar, y sentir por sí mismo, ante
sus imágenes la intensidad desprendida de la representación de esa relación temporal
que una fotografía propone a todo el que la contempla.
Pero esta exposición representa
además a la cultura fotográfica española durante el siglo XX entero y
es un resumen de la misma pues, al margen de las virtudes estéticas de las piezas que la
componen, viene a poner de relieve la manera en que la fotografía ha penetrado y ha
servido a la documentación sociológica, al periodismo, a la moda, a la publicidad y,
sobre todo, a la constitución de un extraordinario arte iconográfico para nuestro mundo
sentimental. Tal vez sea este valor sentimental el que mejor marca la diferencia de fondo
que existe entre una imagen fotográfica documental y otra de diferente tipo artístico
(pictórica, cinematográfica, videográfica, etc.). Distinta de cualquier otra clase es,
desde la relación que una fotografía establece con la realidad de referencia, una
realidad más directa, verdadera o, si se quiere, más inmediata.
En cualquier caso, a acentuar el
aspecto emotivo de las imágenes fotográficas contribuye, sin duda, la presentación por
temas (lugares, personajes, usos sociales) y por periodos temporales (de 25 años), que
los coordinadores y asesores de España ayer y hoy han hecho a partir de la
selección del inmenso corpus iconográfico del que han debido de partir. El resultado
propone un nuevo ordenamiento de nuestra historia más cotidiana a través de un conjunto
novedoso de imágenes que nos ayudan a construir el sentido de nuestra civilización y de
nuestra cultura.
El Museo Nacional Centro de Arte
Reina Sofía se complace en acoger esta iniciativa que ha puesto en marcha y ha
consolidado la Sociedad Estatal España Nuevo Milenio. Agradecemos a la Sociedad Estatal,
y a su presidente Luis Miguel Enciso, la oportunidad que semejante acontecimiento
expositivo y artístico nos da para clarificar nuestra propia relación con esas imágenes
de los lugares de nuestra memoria, de los sucesos que han ocurrido y ocurren, de las
personas que posaron y posan, del aquí y del ahora de lo que no pudo dejar de ser en el
pasado y de lo que somos en el presente. |