En el BERP, sede futura del Instituto Cervantes, su composición arquitectónica responde de manera elocuente al concepto de «sala», modelo tan reiterativo en otros edificios y proyectos de A. Palacios. Estos espacios se organizan alejados de unos modelos preconcebidos, de unas tipologías repetidas, son proyectos bajo la influencia de las enseñanzas de los teóricos franceses, Guadet entre otros. Cada proyecto institucional se vuelca con un repertorio espacial de los diferentes elementos arquitectónicos, que constituyen el programa de funciones y usos; salas, vestíbulos, escaleras, galerías…, serán las «salas», los recintos arquitectónicos con los que ordenar la respuesta a los programas específicos que requiere el edificio, espacios en los que Palacios, sin olvidar las razones constructivas, incorporara la fantasía para dibujar los diferentes elementos de la composición espacial.
La «sala», cuadrado en planta que organiza el espacio como en el edificio del BERP adquieren, con el vestíbulo central una individualidad de protagonismo absoluto y una monumentalidad heredada del templo2. Pero este espacio en su nueva ordenación compositiva no puede ser considerado como un ámbito independiente, viene ligado a las dependencias y espacios accesorios, como una espacialidad única ordena la planta en una secuencia de ámbitos en torno al vacío de la gran «sala», espacios de funciones administrativas y otros servicios que se alojan en la periferia de las diferentes plantas.3
Antonio Palacios en el edificio del BERP, mas allá de algunas analogías de imágenes que pueden contemplarse en otros proyectos, compone con el orden jónico gigante y experimenta en esta obra los diferentes modos de hacer visible la elocuencia monumental del edificio. La «sala», gran vestíbulo de operaciones mercantiles, es el espacio central protagonista privilegiado del proyecto que le confiere su identidad. Responde a un espacio neutro de varias alturas, sin aparente función a las demandas del programa, pero una «sala» sin la cual el recinto no tendría alma, es sin duda un lugar donde el espacio queda prisionero entre la construcción y la arquitectura, lo que denominamos techne.4
Como ya se ha señalado, la presencia urbana del edificio se manifiesta rotunda y expresiva, como si de un «ágora del dinero» se tratara; sus fachadas se articulan manifestando una ordenación clásica. Basamento de granito pulimentado y labrado, orden gigante el las columnas estriadas, que delimitan el espacio interior mediante un muro-vítreo que soporta un entablamento en claroscuros de triglifos y metopas, coronado por un pórtico retranqueado, que arropa el gran lucernario que ilumina el vestíbulo central, iluminación ambiental, que integra lo heterogéneo y lo escénico que ordena la espacialidad interior. La entrada principal es flanqueada por dos cariátides que dulcifican la distante y diferenciada escala que recorre todo el conjunto, en una hermosa cita con la memoria arcaica.
Antonio Palacios bien podría haber escrito después de concluir el BERP aquel rumor que se percibía en los talleres renacentistas, según sentencia, que el origen de la arquitectura reside tanto en la idea de la construcción, como en la del dibujo.5
La futura sede del Instituto Cervantes en el viejo edificio del BERP, permite una lectura de inteligente recuperación, de transparente acogida entre sus muros para una función tan elocuente como el decir de la palabra; una interpretación semántica de su ornato y espacialidad construida y, sobre todo entre el elenco de sus paráfrasis arquitectónicas, poder contemplar y difundir desde la interioridad de tal lugar, lo escrito y hablado de la lengua que lo habita.
Antonio Fernández-Alba
Agosto 2006
Detalle coronación.
Foto Rafael Gil
Plano original de estudio, planta primera.
Archivo General de la Villa de Madrid
Fachada de la calle Barquillo, original del estudio Antonio Palacios y Joaquín Otamendi (1911).
Sección transversal de la calle Barquillo al Ministerio de la Guerra, original de estudio (1911).
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid