En el segundo dibujo (Ilustración B), el edificio se ve ya en perspectiva, desde un punto de vista cercano al Palacio de Comunicaciones. Parece que Palacios ya ha detectado la importancia de la fachada a los jardines del Palacio de Buenavista, hoy sede del Cuartel General del Ejército, que será en el proyecto final un elemento clave. El cubo sigue prácticamente intacto, aunque mucho menos fragmentado debido a una aplicación más discreta de la ornamentación. La gran cúpula ha desaparecido como elemento dominador, haciendo destacar más la silueta de las figuras escultóricas. En el tercer dibujo (Ilustración C), incluido en el proyecto definitivo, quedan ya definidas todas las claves del sistema arquitectónico que seguirá utilizando Palacios hasta el final de su vida. Todos los elementos se someten a la percepción del edificio como un objeto unitario. El basamento ha quedado reducido a un zócalo de piedra ciego, exclusivamente tectónico. El orden clásico de las poderosas columnas de granito marca la escala. Los enormes paños acristalados, que son de los primeros «muros cortina» que van surgiendo en la capital, perfilan y resaltan la verticalidad de las columnas, que destacan sobre el fondo oscuro del vidrio. En esta última perspectiva, que curiosamente tiene el punto de vista sobre el solar en el que Palacios construiría unos pocos años más tarde el Círculo de Bellas Artes, la esquina se convierte ya en el acceso principal que ancla el edificio a su emplazamiento. En la aplicación de su sistema Palacios encuentra un método para resolver las singularidades del lugar, que siempre le aporta muchas de las claves de su arquitectura. El nuevo objeto es un cubo cuyas caras responden con exactitud y precisión a diversas solicitaciones para envolver un volumen precioso y útil. En su cara inferior, la planta es el origen del vacío que se desarrolla en el interior del edificio y se expresa en el exterior (Ilustración D, Planta de sótano del proyecto, 1911, foto Archivo Armero). Por los lados, las tres caras vistas definen la sutil y rotunda envolvente. En la cubierta, Palacios rinde homenaje a los dioses metropolitanos de la ciudad aérea con una columnata que remata el edificio. La última cara de ese gran cubo es la medianera ciega que terminaba el edificio, y que nunca debió ser perforada para abrirse a la desafortunada ampliación que prolonga miméticamente la fachada de la calle Barquillo.
La piel de granito y vidrio no actúa por igual en todas las caras del cubo. Un paseo por el perímetro del edificio a pie de calle es una «una reiterada lección de maestrías», como escribía Juan Daniel Fullaondo3. Partiendo del extremo del edificio original en la calle del Barquillo, sin tener en cuenta, por supuesto, la ampliación, encontramos un acceso secundario enmarcado por un solemne paño de piedra pulida. Dibujado al más puro estilo vienés, muy esquemático en los despieces de la piedra, este gran paño ciego delimita la fachada y refuerza una de las tres esquinas que cierran el objeto, a modo de gran cantonera. Después empieza el ritmo del zócalo de granito pulido sobre el que se posan rectángulos más rugosos, que alternan con los profundos huecos y sus rejas. Llegamos a la entrada en la esquina principal. El «amplio chaflán»4 se alza como lugar simbólico, clásico portal flanqueado por las dos cariátides esculpidas por el amigo y colaborador de Palacios, el escultor Ángel García, que han quedado como imagen inconfundible y eterna de Madrid. La escalinata del acceso principal ancla el edificio a la ciudad, y articula la vuelta a la fachada de Alcalá, que recupera el ritmo del zócalo para llevarnos hasta el vértice opuesto, adosado a una pequeña caseta de los jardines, que llama poderosamente la atención. Se trata de una pequeña edificación que podemos ver en las fotografías anteriores a la construcción del Banco, y que aparece en su último dibujo, incluido en el proyecto.
Ilustración B. Perspectiva (hacia 1911).
Foto Archivo Armero
Ilustración C. Perspectiva (1911).
Colección José María Otamendi
Ilustración D. Planta de sótano del proyecto (1911).
Archivo General de la Villa de Madrid
Las cariátides se han convertido en una de las principales señas de identidad del edificio.