Las fachadas monumentales no expresan suficientemente el programa utilitarista que Palacios otorga al Banco, su habitual preocupación por la organización espacial, y la moderna concepción estructural, que internamente, en cambio, sí se manifiestan. No obstante, son otros códigos los que Palacios desarrolla en su composición exterior, como la impronta en el entorno, la escala ajustada a un nuevo entendimiento de la ciudad, su carácter institucional, como vehículo de transmisión de la solidez bancaria, la rotundidad, la unidad volumétrica o la potencia expresiva, adoptando, para formalizarlos, un lenguaje clásico heterodoxo, materializado con una cantería de excelente factura.
Son ambos alzados completamente idénticos, pero especulares, conforme al eje central del chaflán, en los que, excepto aquí, un orden gigante de columnas jónicas estriadas, sobre zócalo granítico, recorre las tres primeras alturas y se remata con el entablamento, con su arquitrabe, friso y cornisa, y un antepecho ciego sobre él, adornado con escudos, que no figuraban en el proyecto. Los intersticios entre las columnas son ocupados por vanos acristalados, en correspondencia con triples huecos en el friso y sencillos en el zócalo, una solución singular e innovadora, a modo de muro vítreo, que emparenta el edificio con otros coetáneos de la Escuela de Chicago. Además, y como si de un templo helenístico se tratara, Palacios y Otamendi van a coronar el volumen con el referido pórtico retranqueado, constituido por columnas corintias pareadas, una falsa fachada que protege y oculta la gran claraboya interior.
Las principales modificaciones entre la propuesta primitiva y la obra ejecutada se centran en el chaflán, planteado en aquella como un cuerpo adicionado e integrado, pero sin perder significado, en la segunda. Las pilastras jónicas, que hubieran enmarcado el acceso, fueron sustituidas por un pórtico con dobles cariátides sobre ménsulas a cada lado, las que tanta popularidad hoy le dan, portantes de un vigoroso entablamento, cuyo remate con cabeza de león también desapareció en la ejecución. Sin embargo, esta figuración se trasladó a lo alto del cuerpo central, por encima de la cartela con la denominación del banco, que en el proyecto interrumpía el entablamento del orden gigante, finalmente fue continuado indiferenciadamente por todos los frentes. También recurrió Palacios a la cuando menos curiosa coronación del chaflán con un escudo de gran porte entre columnas que soportan globos terráqueos, siendo este el mismo recurso ornamental utilizado sobre los encadenados rústicos que delimitan las esquinas laterales de los alzados.
En el ático, aparece otra introducción posterior al proyecto, la colocación en su eje charnela de una escultura de Palas Atenea o Minerva, diosa de la sabiduría, con lanza en su mano izquierda y protegida por un templete con frontón triangular, que es una muestra más de la integración de otras bellas artes en la arquitectura, característica de la obra de Palacios y, que siempre habría de contar con artistas de primera fila (en este edificio el escultor Ángel García Díez).
Hay en el banco argentino reminiscencias del arquitecto Ricardo Velázquez Bosco en cuyo estudio trabajó como discípulo Antonio Palacios, aun cuando este no reconociera a más maestro que a Manuel Aníbal Álvarez, con quien sin embargo su obra tiene menos afinidades formales. Es notoria la influencia de la planta del Palacio de Cristal de Velázquez en el vestíbulo de Correos. En los alzados del Banco del Río de la Plata, con su orden jónico gigante, su solidez, masividad y monumentalidad, hay un reflejo de los rasgos de la fachada a Felipe IV del Casón del Buen Retiro. No son, en cualquier caso, los únicos vínculos que Palacios muestra en este edificio con otras arquitecturas, también los hay extranjeros, como con la referida Escuela de Chicago o, desde el punto de vista decorativo y compositivo, con la Secession vienesa, e incluso, remontándose más hacia atrás, con obras británicas del siglo xviii, haciendo gala de un heterodoxo clasicismo que le permite resolver problemas formales con más libertad.
Detalle de una de las cariátides que adornan la monumental fachada principal.
Detalle de columna y del espacio acristalado entre columnas.
Cartela y cabeza de león en lo alto del cuerpo central de la entrada principal.