Venía a sustituir así este palacio a otro, también singular, destinado a vivienda de la antigua aristocracia nobiliaria, metáfora del cambio, de la pujanza financiera, consolidada ya en estas fechas iniciales del siglo xx. Se trataba de la residencia madrileña de los marqueses de Casa-Irujo, elogiada como una de las mejores construcciones particulares, en cuyos bajos llegaría a instalarse el célebre Café de Cervantes, en el que Pedro de Répide ubicaba un «teatrito» muy visitado, por las peripecias de sus «monos amaestrados». Contaba este palacio, proyectado en 1836 por Lucio de Olarieta, académico de mérito de la Real de San Fernando, con cinco plantas más sótano, buhardillas y un torreón central, destinándose los últimos niveles a viviendas de alquiler y reservándose los principales el propietario, como solía ser habitual en la época. Destacaba exteriormente por su sencillez, almohadillado el piso bajo y la entreplanta, con luneto sobre la portada, guardapolvos moldurado en los huecos del principal y cuerpos laterales remarcados, pero alineados con el central, simulando torreones.
La propuesta de Palacios y Otamendi para este lugar supuso el temprano derribo del Palacio de Casa-Irujo, transcurridas apenas siete décadas desde su construcción, con el fin de situar en él la sucursal en Madrid del Banco Español del Río de la Plata, cuya sede central se hallaba en Buenos Aires. Esta entidad argentina, fundada en 1908 en la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, como una Compañía de Seguros con el nombre de «Río de la Plata Compañía de Seguros Contra Incendios», habría de extenderse rápidamente por todo el territorio español, aprovechando la pujanza económica de aquel país americano. El final de la Primera Guerra Mundial marcó el declive de ambos, país y banco.
El nuevo edificio ocupó completamente el solar adquirido, con dos frentes a la vía pública y dos medianerías, con la casa de la calle Barquillo, 4 y con el jardín del Ministerio de la Guerra o Palacio Buenavista, si bien hacia este con servidumbre de vistas y luces, lo que permitió su tratamiento como una fachada más.
Tiene el volumen planta cuadrangular y cuatro niveles más sótano y semisótano y está coronado por un ático diáfano para proteger la cúpula vidriada que ilumina cenitalmente el gran patio central, alrededor del cual se organiza el edificio. Precisamente este vacío, que recorre completamente la sección, es el espacio más sobresaliente del Banco, otorgándole monumentalidad y unidad, claramente representativo de la preocupación constante de la arquitectura de Palacios por trasladar el aire y la luz al interior, y que en esta obra, incluso, se materializa al exterior mediante la citada coronación porticada, como si el patio ascendiera en su busca.
La planta baja es la principal del edificio, la de relación de la entidad con el cliente y, por tanto, la que fundamenta sus fines comerciales, razón por la que Palacios y Otamendi decidieron utilizar toda la superficie libre disponible, colocando las oficinas de empleados o patio de operaciones en el medio y a cota más baja, y la zona pública en las dos crujías exteriores y parte de la medianería ciega, a modo de deambulatorio separado de aquella por las cajas y mostradores. En el eje diagonal que marca el chaflán se situó el acceso y en el extremo opuesto el despacho del gerente, en una rotonda con vistas al jardín de Buenavista, flanqueada por la sala de gerencia y las oficinas del subgerente. Contaba además con una entrada para empleados por la calle de Barquillo, directamente comunicada con la escalera principal, la cual era común para público y empleados, si bien con sistemas de ascensores diferenciados.
Las dependencias de las plantas superiores se organizan en torno al gran patio cubierto, invirtiendo en gran medida el esquema distributivo de la baja, pues se ubican en ella los corredores públicos al interior, hacia aquel, quedando las oficinas y salones, el del consejo tiene una bella forma oval, hacia la vía pública y las medianerías.
La Cibeles protegida de los bombardeos durante la Guerra Civil.
Foto Walter Valencia. Biblioteca Nacional de España.
Soldados nacionales hacen el saludo fascista en la Cibeles, tras conquistar Madrid (marzo, 1939).
Foto Santos Yubero. Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.
Imagen del espacio central antes de ser remodelado.
Detalle de la cúpula que cubre el gran patio central.