Es sin duda la sorpresa la que define muchas de las líneas que definen los trabajos siguientes, condicionados por el despiste, el desconocimiento, el cambio... experimentándolos a menudo en diferentes ámbitos. Hace poco me ocurría leyendo uno de esos libros-ensayo de temática contemporánea con contenidos de profundo interés intelectual (?), Indiferencia y singularidad. Cansado de las primeras páginas, avanzo capítulos arbitrariamente hasta llegar a una página cualquiera y, de vuelta a la lectura, despistado, leo: «Tarde fue una figura central en esos momentos... Tarde asumía una coherencia narrativa que ningún otro parecía entender... ». La sorpresa dura apenas unos segundos cuando líneas más arriba confirmo a Gabriel Tarde, sociólogo francés del siglo xix. Sin embargo me niego a que concluya el carácter fantástico de la sorpresa, sigo desmenuzando el texto entendiendo la tardanza, el tiempo desfasado, el error, ¡Tarde como un ente que sentó cátedra en Francia a principios del Siglo xx! Este juego se desarrolla primero en el propio libro hasta que desaparece la referencia para luego dar paso a un proceso de desarrollo más libre fuera ya del propio libro. De la misma manera estas nominalizaciones se describen muchas veces en mis pinturas, elementos pictóricos libres que adquieren de repente una importancia de sujeto —Jugando con Artificios —.
El hecho de pintar mal suscita un disfrute mucho mayor con la aparición de un elemento pictóricamente bello, diferente. El primer acto es la sorpresa, dejas de pintar, lo observas detenidamente, te das cuenta de que a pesar de su categoría, el entorno, el cuadro en conjunto, dista mucho de acompañarle; de la sorpresa pasas a la frustración. Segundo acto, intentas abstraer el elemento, recordar cómo ha surgido, qué colores eran, si tenías el pincel sucio o limpio, y después de este análisis intentas repetir ese elemento que tanto te llama la atención, una y otra vez. La variedad resultante de esta investigación de campo te vuelve a sorprender, con elementos diferentes a los que tratabas de aprehender pero igual de atractivos, esta vez realizados con toda conciencia. La serie está planteada.
Todo esto ocurre en el primer trayecto, cuando las teorías de la deriva se aplican en este «perderse» libremente por el medio pictórico. Es mucho más agónico cuando el asombro proviene de un icono figurativo, el análisis resulta de una complejidad muchas veces desbordante. A diferencia de los descubrimientos pictóricos, no se trata de repetir estos iconos, sino de especificar su estructura, tanto la interna como la de relación.
Será además un elemento de mayor carga significativa, por lo que habrá que pensar en mantener la unidad o apostar por la diferenciación entre los demás trabajos.
Las conclusiones que pueda obtener de todo este proceso de creación serán las obras expuestas. Su selección no ha sido arbitraria, pero, por el momento, tampoco la puedo justificar de manera escrita.
Juegos de artificio
Jorge Rubio