Entre el dominio del caos incontrolado
y el orden excesivo de Euclides...Benoit Mandelbrot
Espectador, ajeno al medio, aquí estoy: invitado a sentir (añadiré castigado a escribir). ¿Es una ventaja conocer su impronta personal más allá —o más acá— de sus lienzos? ¿ser testigo ocasional de su ejecución —precisa, meticulos— y de largas conversaciones entre amigos —sobre esto y aquello— frente a un vaso de cerveza? No lo sé, pero, igualmente, me resisto a escarbar en mi archivo de adjetivos.
Escribiré primero «caos»... un concepto —toda una teoría— por el que el autor parece sentir no poca simpatía. Dicen los de mi gremio —matasanos y científicos— que la actividad cerebral, contrariamente a lo que siempre se creyó, es caótica... ¿por qué no? Si la naturaleza lo es... y entonces, ¿qué hacemos (los humanos) empeñados en que casi todo cuanto producimos no lo parezca? ¿es sólo una consecuencia de las tiránicas leyes físicas de la materia?
Caos y modelos lineales... ahí los veo —aunque él lo niegue— y... nuevas reglas de juego. Conceptos antagónicos al servicio del relato de una realidad compleja que no admite interpretaciones unívocas.
Una técnica depurada, concisa para hablar de desorden, agitación, movimiento... subyacentes incluso en aquellos objetos más categóricos que esconden en su misma contundencia un secreto magma, seductor y dañino a un tiempo.
Objetos... espacios fragmentados, azarosos estallidos; algún «personaje» ensimismado, sin contexto.
Cronista distante, oblicuo, deliberadamente frío y despojado de sentimentalismo.
Visión a través de la mirilla de un arma. Siempre al acecho. Implicado en el delito, este híbrido de gangster (de cine negro, añadiría él) y lobo estepario ha aprendido a camuflarse; camufla pasiones obscenas, vísceras, crímenes impunes...
Replica —si lo hace— con medias respuestas... escudrifla, indaga, busca —quién sabe qué, como todos— con una sorprendente tenacidad, con tozudez... hasta que consigue, a veces, convencernos de que está de vuelta —¿ileso?— de los más feroces recovecos conceptuales de ese caos que con frecuencia menciona pero del que nunca habla salvo en sus cuadros.
Pedro Ramírez