Durante el siglo xx, Compostela se ha beneficiado de proyectos arquitectónicos grandilocuentes, como el Auditorio, y también de creaciones más humildes, como el Seminario Menor, edificado en los años cincuenta cerca del Convento de Belvís. Es justo rendir el debido homenaje a espacios como éste, y no tanto por las cualidades de su fábrica, como por la función que desempeña dentro del universo jacobeo. En este caso, hablamos de una institución que actúa en el plano académico y que además sirve como albergue de peregrinos.
Como bien saben los romeros, son numerosos y variados los albergues que jalonan el Camino. En cierto modo, al incluir el Seminario Menor en nuestro itinerario pretendemos resumir los méritos que caracterizan a estos alojamientos, esenciales para que el peregrino pueda llegar al final de su periplo iniciático.
Sin duda, guarda poca relación este recinto con las casas de hospedaje que acogían a los caminantes en los tiempos en que la codiciosa reina Mariana de Baviera-Neoburgo llegó a Galicia, en su camino hacia Valladolid, donde la aguardaba su esposo, Carlos II el Hechizado. Desde el siglo xvii, las hospederías y los albergues han sufrido una transformación acorde con los tiempos. No obstante, el Camino es territorio abonado para la Historia, y no faltará quien escoja el Seminario Menor como sitio idóneo para establecer la nomenclatura y la cronología adecuadas para su evocación del pasado.