El erudito Caamaño sitúa entre sus intereses al gótico de Compostela, estilo al cual pertenece una parte del templo que acá nos interesa. Pese a disponer de vestigios que datan del siglo xii, figuran en su recinto un par de capillas góticas, que se incorporan a la nave principal en el lado de la epístola. Dice Caamaño que la primera de ellas, contando a partir de la cabecera, es la de Nuestra Señora. Sus fundadores y patrocinadores fueron Lope de Losada y Teresa Gómez Mosquera. Así lo reflejan las crónicas: el 2 de mayo de 1578 doña Teresa acordó con Sadornín Fernández ciertos detalles de la citada capilla, y es dicho documento el que permite datar la obra. La capilla contigua pertenece a la misma época, y al igual que la de Nuestra Señora, dispone de planta rectangular y bóveda de idéntica traza, alzada sobre ménsulas, con cinco claves y análogo arco de ingreso. Ligeramente posterior, el porche fue erigido a comienzos del xvi. También en esto parafraseamos la descripción de Caamaño: tiene ese porche un arco apuntado en su frente y arcos de medio punto en los laterales.
Como antes dijimos, no hay mucho en el templo que nos recuerde al arzobispo que impulsó su construcción, don Diego Gelmírez. En todo caso, entra en esta categoría el pórtico románico, que ofrece a modo de motivo central una imagen de la Adoración del Niño. Aparte de la profusión de detalles propios de la devoción mariana, citan los analistas como elemento interesante la torre barroca, completada en el siglo xviii. Por sus trazas tan vigorosas, explica Ramón Otero Pedrayo que la iglesia de Santa María Salomé haya sido «comparada a una garrida y piadosa moza aldeana en el sarao y paseo de las damas aristocráticas».