Las modalidades paradigmáticas de la arquitectura compostelana del siglo xvii corresponden al Barroco. En la rúa das Orfas, encontramos un ejemplo de ese estilo, impecablemente desarrollado: la iglesia y colegio de las Huérfanas, cuyo nombre se debe al arzobispo Juan de San Clemente, que fundó el recinto con el propósito de alojar, educar y adoctrinar a niñas sin familia o carentes de posibilidades económicas. Partidarios y teóricos del impulso barroquizante merecen en este punto una aclaración, y es que el edificio profesa el barroco pero sin excesos. Al igual que en los otros conventos femeninos, el ornato es más bien escaso, y la sobriedad se enseñorea del conjunto. En Las Orfas, el único ingrediente que viene a desmentir esta generalización es el encantador realce de los accesos al interior del convento y de la iglesia.
Quien diseñó el monasterio y el templo, el claustro y el admirable campanario fue Fernando de Casas y Novoa. Sus labores admitieron luego la enmienda del maestro Domingo de Andrade. El constructor del templo, Melchor Velasco, rindió cuentas en 1671. Para adornar el interior con detalles piadosos, se contó con los servicios del imaginero Gambino, quien talló esa Inmaculada que, merecidamente, centra la atención en el retablo del Altar Mayor, creado por Francisco de Lens. Por su parte, el modernista Asorey realizó en mármol blanco el magnífico sepulcro del cardenal Martín de Herrera.
El recinto de la Orfas, reivindicando los prestigios de su acervo artístico y asimismo la función para la que fue originalmente diseñado, aloja en la actualidad al colegio Nuestra Señora de los Remedios.