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Santiago de Compostela

16. Pazo de Fondevila

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La impresión de nobleza austera se acentúa en la rúa de Casas Reais. Sin duda, no es nuevo el espectáculo que ofrece esta vía. En el siglo xix, fue bulliciosa y comercial, pero antes sirvió de dominio residencial al patriciado compostelano. Muchas fueron las casonas que se asomaron a sus lindes. De ahí su nombre: casas reales. Hoy, sólo nos quedan dos muestras de esta efusión palaciega: el pazo de Fondevila y el palacio viejo del Conde de Aranda, distinguido por servir de sede a la primera notaría que se registró en nuestro país. No por casualidad, ambas edificaciones coinciden en la plaza donde abre su pórtico la iglesia de las Ánimas. Al cabo, es probable que más de un habitante de esas mansiones haya tenido que purgar sus excesos ardiendo en las azuladas llamas del purgatorio. Aunque de manera forzada y nada académica, esta conjetura sobrenatural queda sugerida por la contigüidad de los tres edificios que mencionamos.

El responsable de diseñar el Pazo de Fondevila a mediados del siglo xviii fue Clemente Fernández Sarela. Los críticos identifican a este palacio con el paradigma del barroco compostelano. El motivo es fácilmente descriptible: tanto la Casa del Cabildo como este palacio son obra del mismo autor, maestro del estilo que dio en llamarse barroco de placas. Cuidadoso en la ornamentación de sus edificios, Fernández Sarela no escatimó detalles en esta oportunidad: balcones volados, ventanas primorosamente encuadradas y un frontón sobre el escudo que ilumina la esquina de la casa.

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