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Santiago de Compostela

5. Hostal de los Reyes Católicos

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Trasplantar a la prosa divulgativa las emociones del arte significa situarlas en el terreno de la traducción. Es decir: palabras, frases, metáforas ligadas al vislumbre de lo hermoso. El cometido es tan complicado que, en más de una oportunidad, hemos de recurrir a la autoridad de los escritores, de los grandes pensadores que han repensado Compostela para volcar literariamente sus virtudes. La tentación de la cita manifiesta nuestra debilidad expositiva, sobre todo cuando el objeto de la glosa es el antiguo Hospital de los Reyes Católicos, agraciado con un formidable tratamiento arquitectónico.

Este Hospital de Peregrinos, encomendado por los Reyes al arquitecto Enrique Egas, alzó sus muros entre 1501 y 1509. Otero Pedrayo da cuenta de la ilustre fundación, alabando su plano sencillo: cuatro claustros en torno a una iglesia. Asimismo, elogia el gusto renacentista de Egas, también expresado en la fachada mediante ese estilo plateresco que dio en llamarse Isabel, «fino, rico, obediente al dominio de la vertical en haces, grato a la luz brillante no frecuente en Santiago, de suntuoso pórtico, y huecos y balconadas cargadas en el barroco de pesados ornamentos». En la parte superior del frontispicio, obra de Guillén de Blas y Martín de Colás, entran en juego ornamentos diversos: en particular los balcones y la cornisa con gárgolas. Las efigies de Fernando e Isabel figuran en dos medallones, situados en las enjutas del arco de medio punto que conforma la puerta. Sirven de marco a este acceso las dobles pilastras, con cuatro hornacinas en cada flanco. Éstas alojan, por un lado, a San Pablo, Santa Isabel, Santa Lucía y Eva; y por otro, a San Pedro, San Juan Bautista, Santa Catalina y Adán.

Sobre el antedicho arco de medio punto, hay un friso en el que figuran los doce Apóstoles. Otras cuatro hornacinas completan el cuadro iconográfico, situando a los lados de la ventana del Aposento Real y entre las pilastras laterales a Santiago y a Jesucristo, a Nuestra Señora y a San Juan.

Frente a la fachada, una cadena del siglo xvi se extiende entre pilares, protegiendo así una lonja, o por mejor decir, un dominio en el que actuaron diversos artífices. Todos ellos requieren atención. Así, las gárgolas fueron labradas por Gonzalo Rey el Mozo y Pedro de Omono. Fray Tomás Alonso ideó los balcones en 1678. La reja del zaguán se debe al Maestro Guillén. El Maestro Felipe y Petit Juan ornamentaron los pilares isabelinos de la Antigua Capilla, cuyo crucero gótico lleva la firma de Juan de Álava . En los patios, la responsabilidad artística quedó repartida entre Egas, Fray Manuel de los Mártires, el maestro Valera Velado, Jácome García, Juan de los Cotos, Gonzalo Rey, Pedro y Diego de Omono. Otro genio compostelano, Ferro Caaveiro trazó la escalera barroca que lleva hasta la primera planta desde el patio izquierdo. El equipo, ya se ve, parece inmejorable.

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