Poco a poco se ha ido apoderando de nuestro recorrido un modelo arquitectónico propio del siglo xviii: el llamado barroco compostelano, cuyo apogeo queda de manifiesto en fábricas como la de la iglesia de las Angustias de Abajo (de Abaixo), nombrada asimismo templo de la Real Angustia o de San Fructuoso. Esta advocación permite recordar a quien fue un mártir en tiempos de la dominación romana. Nos referimos a Fructuoso, obispo de Tarragona, que sufrió una horrenda muerte en el anfiteatro de su ciudad, como víctima de una persecución que desarrollaron los emperadores Valeriano y Galieno. Corría el año 259 y aún faltaba mucho tiempo para que Lucas Ferro Caaveiro proyectase esta iglesia, completada en 1765. No obstante, la arquitectura religiosa sirve precisamente para eso: para eternizar en piedra lecciones heredadas de un remoto pasado.
El templo sigue la disciplina churrigueresca y destaca por su soberbia cúpula, diseñada en forma de media naranja, al estilo de Simón Rodríguez. Por decisión del alarife, la fachada, levemente curvada, está dispuesta con el fin de ser admirada desde el altiplano que forma la Plaza del Obradoiro. Ello explica el ornato iconográfico que ilumina la cornisa superior, con representaciones de la Prudencia, la Justicia, la Fortaleza y la Templanza. También sigue el modelo de Rodríguez el resto de la fachada, cuyo detalle más celebrado es la hornacina donde reposa la imagen de la Virgen de las Angustias.