No existe un rincón más idóneo para nuestro propósito literario que el anaquel donde se custodia el Codex Calixtinus, también llamado Liber Sancti Iacobi. Tesoro compostelano y patrimonio libresco de primer orden, dicho códice nos sitúa en el siglo xii, un tiempo de juglares, de legendarios cronistas y de poetas cortesanos. Cinco libros lo componen: el primero está formado por protocolos litúrgicos y homilías que festejan al Apóstol; el segundo relata los milagros de éste, al estilo de los que reunirá un siglo después el dominico italiano Santiago de la Vorágine en La leyenda dorada; el tercero narra el traslado de las reliquias del Santo, desde los Lugares Santos hasta la costa gallega; el cuarto es llamado el Pseudo Turpín en honor al Arzobispo de Reims, Turpín, tenido erróneamente por su autor, e inyecta la épica que conviene a los hechos de Carlomagno en la Península. Conforme dice su texto, el Emperador fue inspirado en sueños por Santiago y resolvió liberar la tumba de éste siguiendo la vía jacobea. Finalmente, el quinto de los libros, el Liber Peregrinationis, describe el Camino y la ciudad para beneficio de peregrinos y visitantes. Según detalla el Liber, hay cuatro rutas que llevan a Compostela: la que discurre por Saint-Gilles, Montpellier, Tolosa y Somport; aquella que avanza por Santa María del Puy, Santa Fe de Conques y San Pedro de Moissac; la que parte de Santa María Magdalena de Vézelay, pasando por San Leonardo de Limoges y por Pérogueux; y finalmente, la que une San Martín de Tours, San Hilario de Poitiers, San Juan d'Angély, San Eutropio de Saintes y Burdeos. De acuerdo con ese trazado, los itinerarios que cruzan Santa Fe de Conques, San Leonardo de Limoges y San Martín de Tours tienen su intersección en Ostabal, ligándose finalmente en Puente la Reina a la ruta que viene de Somport.
La autoría de esta obra no es una cuestión menor, pero resulta difusa. En todo caso, el Codex recibe su nombre del papa Calixto II, quien figura como inspirador final de un conjunto que fue reuniéndose a lo largo de un extenso periodo. El encargado de procesar todo este material, allá por 1139, no debió de ser otro que Aymeric Picaud, un clérigo de Poitou que introdujo en la obra no pocas líneas de cosecha propia. De otra parte, la fascinación por este libro ha prendido en escritores de todas las épocas, y acaso quien mejor lo ejemplifica es Ramón del Valle-Inclán, atento a otros pormenores compostelanos y responsable, para lo que acá nos importa, de una reseña que tituló precisamente así: Codex Calixtinus (Inciso: al curioso de la obra de don Ramón le interesa releer La lámpara maravillosa para descubrir otra interpretación de Santiago, más profunda, más lírica).
La Historia es, junto al Codex, el otro monumento literario de Santiago. La versión que ha llegado hasta nosotros, traducida del latín al castellano por Fray Manuel Suárez y anotada por Fray José Campelo, es un testimonio histórico capital, muy sugestivo en su expresión, y por supuesto apasionado en su testimonio del vasto lienzo compostelano. El subtítulo de la crónica, Hechos de D. Diego Gelmírez, primer arzobispo de Santiago, sirve para acotar su periodo. Campelo se encarga de resumir los antecedentes de su labor. Así, conoce los siguientes códices de la Historia Compostelana: los tres de la Biblioteca Nacional de Madrid, acaso correspondientes a los siglos xvi y xvii; el manuscrito existente en la Biblioteca del Palacio Real, fechado en el siglo xiii y decorado con miniaturas. En el citado archivo real, por las fechas en que trabajó Campelo, figuraban en el catálogo otro manuscrito del siglo xvii, un tercero, probablemente del xvii, y por último, otro, caracterizado por ser su letra la propia del siglo xviii. A buen seguro, el Padre Flórez, viejo conocedor de la Historia, revisó estos códices antes de publicar por primera vez la obra en el tomo XX de su España Sagrada. Campelo cita dos ediciones de dicho tomo, la primera corresponde a la Imprenta de la Viuda de Eliseo Sánchez (1765) y la segunda a la Imprenta de la Viuda e Hijo de Pedro Marín (1791). Tras la Noticia previa, ambas incluyen la Historia Compostelana propiamente dicha.
Detalle. A efectos académicos, la Universidad de Filología concentra los intereses literarios de la ciudad.
Las casas de Santiago inspiraron a sus poetas y narradores.