El escultor Diego de Robles nació en Toledo, pero desarrolló su carrera en Quito, ciudad que conserva las imágenes más notables de su trayectoria artística, impulsada a finales del siglo xvi.
Fiel y vigoroso intérprete de la devoción popular, Robles fue uno de los imagineros más populares de la Colonia y tuvo numerosos discípulos, indígenas y mestizos.
Entre sus tallas, destaca la imagen mariana que se conserva en el Santuario de la Virgen del Cisne, venerada por los habitantes del cantón de Loja y considerada milagrosa por sus devotos.
Otra imagen mariana atribuida a Robles ocupa un lugar venerable en la iglesia del Quinche, a las afueras de Quito. Representa a Nuestra Señora de Guadalupe y está elaborada con tres piezas de madera de cedro. También se atribuyen al escultor la talla de la Virgen de Guadalupe que ocupa el altar central de Guápulo, y la escultura que representa el bautismo de Cristo en el presbiterio de San Francisco.
La iglesia de San Francisco tiene una de las tallas quiteñas más bellas. Es ésta del Bautismo, atribuida a Diego de Robles.