Quien fue conquistador del Perú y primer gobernador de dicho virreinato nació en la localidad cacereña de Trujillo, en torno a 1476. Hijo natural del coronel Gonzalo Pizarro, decidió alistarse cuando era joven en los Tercios que guerreaban en las campañas de Nápoles. Esa experiencia militar curtió su espíritu aventurero: el mismo que lo empujó a cruzar el Atlántico en 1502, a bordo de la flota del gobernador Nicolás de Ovando, rumbo a La Española.
En 1509 acompañó a Alonso de Ojeda en la conquista de Tierra Firme. Cuatro años después, compartió esfuerzos con Vasco Núñez de Balboa en la exploración del istmo de Panamá, aventura que coronó el descubrimiento del océano Pacífico, llamado entonces mar del Sur. En 1519, a las órdenes de Pedro Arias Dávila, se unió a las fuerzas que fundaron la actual ciudad de Panamá. Enriquecido con esa actividad expedicionaria, en 1524 formó con Diego de Almagro y Hernando de Luque la Compañía del Levante, cuyo propósito era explorar los dominios del sur en beneficio propio.
El primero de los viajes no tuvo un resultado feliz, pero el segundo, llevado a cabo entre 1524 y 1525, fue mucho más alentador. Tras diversos episodios de conquista, Pizarro llegó en 1526 a la Isla del Gallo, donde quedó aislado junto a sus hombres, ya sin nave, dado que el nuevo gobernador de Castilla del Oro, Pedro de los Ríos, puso fin a la expedición. La alternativa que planteó Pizarro a los suyos ha pasado a la historia y también a la memoria popular: quienes, a pesar de todo, decidieron continuar la empresa pasaron a llamarse los Trece de la fama. Finalmente, el gobernador decidió dar una oportunidad al grupo, con la condición de que la expedición volviera en un plazo de medio año. Ello les permitió penetrar en el imperio inca, debilitado por un problema sucesorio tras la muerte de Huayna Cápac, la cual había propiciado el enfrentamiento entre Huáscar y Atahualpa.
En 1528 Pizarro volvió a la península Ibérica, y este viaje fue enormemente fructífero, ya que el 26 de julio de 1529 se firmaron las capitulaciones para la conquista del Perú, llamado en adelante Nueva Castilla. Un vez nombrado gobernador, capitán general y alguacil mayor, Pizarro viajó hasta Trujillo para reunirse con sus hermanos, Hernando, Gonzalo y Juan, y hacerlos partícipes de futuros proyectos en América.
De acuerdo con lo estipulado en las capitulaciones, Pizarro, Almagro y Luque organizaron la tercera expedición, que partió en 1531. Tras un año de espera en Coaque, la fuerza expedicionaria recibió a los hombres de Sebastián de Belalcázar. Poco después, ya en Puná, se añadió al grupo Hernando de Soto. En agosto de 1532 fundaron San Miguel de Piura, y a los pocos meses penetraron en Cajamarca, donde Atahualpa, victorioso, tenía cautivo a su hermano Huáscar.
Tras una serie de escarceos diplomáticos, los españoles se midieron en combate con los guerreros de Atahualpa, quien acabó prisionero de aquéllos tras entrevistarse con Hernando Pizarro y Hernando de Soto. Con el fin de recuperar su libertad, el inca ofreció enormes riquezas. Después de reunirse en Cajamarca, Francisco Pizarro y Almagro decidieron el reparto de los bienes obtenidos en la conquista, y Hernando, uno de los hermanos Pizarro, se encargó de trasladar la parte que correspondía a la Corona.
Durante un juicio en que se le acusaba de la muerte de sus hermanos Huáscar y Atoc, Atahualpa fue condenado a muerte por Pizarro. Faltando a una inicial promesa de liberación, el proceso tenía por fin anular posibles conspiraciones y fragmentar el poder del imperio incaico, para de ese modo controlarlo fácilmente. El hermano de Atahualpa, Túpac Hualpa, juró fidelidad al rey de España como nuevo soberano de los incas.
A partir de ese foco de expansión, se incrementó en alto grado el poder de Pizarro y sus socios. Sin embargo, no tardaron en surgir intrigas que enturbiaron su éxito. Aunque Francisco Pizarro redefinió las fronteras de Nueva Castilla para de esa manera dominar Cuzco, Almagro no quiso dejar su cargo como gobernador de esa plaza. Y a pesar de que este último ya había obtenido el territorio chileno de Nueva Toledo, el enfrentamiento entre los antiguos aliados no se hizo esperar.
Cuando en 1538 Diego de Almagro fue ejecutado por los pizarristas, Francisco Pizarro nombró a Pedro de Valdivia teniente gobernador de Chile. Al año siguiente, Carlos I sustituyó a Pizarro por Cristóbal Vaca de Castro. De acuerdo con las intenciones reales, el nuevo gobernador de Perú debía mediar en las luchas entre el conquistador y Almagro el Mozo, hijo de su antiguo socio. Sin embargo, el propósito pacificador del rey no llegó a cumplirse, y el 26 de junio de 1541 Pizarro pereció a manos de los almagristas.
Francisco Pizarro.