El constructor quiteño Francisco Morocho se formó en su oficio junto a su progenitor, Jorge de la Cruz Mitima, con quien colaboró en proyectos tan notables como el templo de San Francisco, a las órdenes de Fray Jodoco Ricke.
Por su linaje indígena, Morocho pudo combinar técnicas y habilidades propias de su cultura ancestral, que le sirvieron para enriquecer la fórmula de construcción europea. Al igual que su progenitor, fue recompensado por Ricke con unas tierras situadas en las vertientes del Pichincha.
Detalle del exterior de la fachada de San Francisco con los dos pisos de su frente.